AGRICULTURA

Las fabricantas, las mujeres que levantaron Utrera

Las mujeres que trabajaban en las fábricas de aceituna contribuyeron al desarrollo económico de la localidad

La utrerana Pepa Amores comenzó a trabajar en la aceituna con solo 14 años
La utrerana Pepa Amores comenzó a trabajar en la aceituna con solo 14 años - A.F.
ALBERTO FLORES Utrera - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

Con el niño en una mano y una pieza de pan en la otra. Así es como plasmó la escultora Encarnación Hurtado la figura de las «fabricantas», esas mujeres que en la segunda mitad del siglo XX trabajaban de sol a sol en las fábricas de procesado de la aceituna que existían en Utrera, que fueron capaces de sacar adelante a sus familias en tiempos complicados y proporcionar a sus hijos el horizonte de un mundo mejor.

El recuerdo a estas valientes luchadoras, que soportaban jornadas interminables y lidiaban con el frío y el calor según la época del año, se levanta en la actualidad en la plaza de la barriada de San Joaquín de Utrera, para que los más jóvenes puedan brindar el homenaje que se merecen estas mujeres, que «fueron trabajadoras heroicas y madres ejemplares», como bien refleja la inscripción que se ubica en la base del monumento.

Durante décadas la industria de la aceituna fue el auténtico motor económico de la localidad, un sector para el que hacía falta mucha mano de obra, que fue aportada por estas mujeres, que no dudaron en romper moldes y en hacer lo que hiciera falta para sacar adelante a sus familias. Tiempos en los que en Utrera no faltaba el trabajo y las fábricas de aceituna copaban casi todas las áreas geográficas de la localidad.

El recuerdo de estas mujeres, que eran las encargadas de realizar las tareas más duras, sigue vivo en la localidad, e incluso ahora en tiempos en los que Utrera es uno de los municipios de la provincia de Sevilla más azotados por el desempleo, se echan de menos los cientos de puestos de trabajo que proporcionaban estas fábricas. «El trabajo que había en las fábricas de aceitunas era una bendición para Utrera. De hecho creo que todavía Utrera no se ha recuperado del golpe que supuso el cierre de todas estas fábricas», explica Pepa Amores, antigua fabricanta.

Esta utrerana, integrante de una familia numerosa con siete hermanos, apenas pudo pasar por el colegio, ya que cuando solo tenía 14 años de edad comenzó a trabajar en el sector de la aceituna. Primero rellenando aceitunas con pimientos en la fábrica de Benito Villamarín y posteriormente en diferentes puestos como el escogido o el pesado. En la década de los sesenta las calles de Utrera se convertían en un hervidero, un escenarios en el que por las mañanas todas las «fabricantas» salían de sus casas en dirección a las fábricas. Muchas de ellas llevaban a sus hijos en brazos, para dejarlos en casa de su madre o de su suegra mientras completaban su jornada laboral, como bien representa el citado monumento.

Amores se levantaba todos los días a las cinco de la mañana, mientras que muchos días su trabajo no terminaba hasta las nueve de la noche. Fábricas que no contaban con las comodidades que tienen los lugares de trabajo en la actualidad y en las que el frío en invierno y el calor en verano se hacían notar. «Todas las fabricantas llevábamos lo que llamábamos la ‘copita’, que era una lata grande de tomate frito en la que hacíamos una pequeña candela para calentarnos que poníamos debajo de las mesas, donde trabajábamos 16 personas. Era muy duro, pero no había otra cosa, había que buscarse la vida».

Actualmente las aceitunas de Utrera siguen siendo muy valoradas en el mercado exterior, pero las necesidades propias del mercado provocaron que una a una, las fábricas en las que trabajaban mujeres como Pepa Amores, fueran echando el cierre, quedando la figura de las «fabricantas» como un punto fundamental para entender la historia contemporánea de Utrera. El monumento que recuerda a estas mujeres fue promovido y financiado por el propio pueblo en el año 2000, para que los utreranos nunca olviden que toda una generación de mujeres dio el paso adelante y lo sacrificó todo para que sus hijos pudieran tener una educación y un futuro alternativo a la dureza del trabajo que se vivía en estas fábricas. 

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