El Ayuntamiento de Lora del Río ha homenajeado a Antonio Monje Cintas con el título de loreño ilustre
El Ayuntamiento de Lora del Río ha homenajeado a Antonio Monje Cintas con el título de loreño ilustre - L. G.
LORA DEL RÍO

Toda una vida moldeando el barro de manera artesanal

El Ayuntamiento de Lora del Río otorga el título de loreño ilustre al maestro alfarero Antonio Monje Cintas

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Antonio Monje Cintas lleva toda una vida dedicada al oficio de la alfarería en Lora del Río, municipio en el que se afincó junto a su familia hace más de ochenta años, cuando él tenía un año y su hermano Luis, tan sólo diez días.

Proveniente de Salvatierra de los Barros, en Badajoz, su padre, José Monje Naharro, fundó en 1942 Alfarería Monje, uno de los negocios familiares más emblemáticos de la localidad.

Antonio es uno de los pocos alfareros tradicionales que quedan en España. Representa la cuarta generación de alfareros de su familia. Hasta donde tiene constancia, se han dedicado a este oficio artesano su bisabuelo, su abuelo, su padre, su hermano y él.

Tuvo su primer contacto con el mundo de la alfarería con tan sólo siete años, «por gusto», destaca, y añade «me gustaba entrar en el torno, pero no alcanzaba con el pie». A los doce años ya ejercía este trabajo profesionalmente. Aprendió de su padre, que le daba explicaciones, pero también por el propio interés que el siempre mostró. «Como me gustaba hacerlo, prestaba más atención», añade.

En su negocio las cosas se siguen haciendo artesanalmente. Moldea el barro en el torno y hace algunas piezas pequeñas, sobre todo de animales, a mano. La única variación que ha habido es que el torno, por prescripción médica y cuestiones de salud es eléctrico.

Un paseo por su taller es como una parada en el tiempo, un pequeño museo improvisado para los más nostálgicos. Entre sus estantes se agolpan botijos, tinajas, vasijas y otras piezas muy utilizadas antaño que los sistemas nuevos de vida han ido relegando y dejando en desuso.

Lora del Río tenía una deuda con Antonio Monje por haber llevado y seguir llevando el nombre de su pueblo por toda la geografía española y fuera de ella. Sus piezas se venden no sólo en el municipio que lo vio crecer sino en todo el país, incluso traspasa fronteras. Alemania o Sri Lanka, al sur de Asia, son destinos hasta donde han viajado sus creaciones.

Agradecimiento

Es por ello que el Ayuntamiento loreño le rindió, el pasado 28 de septiembre, en el salón del plenos, un acto de reconocimiento y le otorgó el título de loreño ilustre. En el homenaje, estuvieron presentes el alcalde de Lora del Río, Antonio Miguel Enamorado; el concejal de Ciudadanía y Cultura, Miguel Ángel Nogales; su homólogo de Patrimonio, Raúl García; así como familiares y amigos del afamado alfarero.

El homenajeado agradeció «al Ayuntamiento de Lora del Río que se haya acordado de él para este reconocimiento», y señaló que en su vida ha «trabajado mucho para que Lora del Río suene en aquellos rincones donde mandaba sus productos de alfarería artesanal, además de enseñar a muchos loreños el oficio de la alfarería».

Asimismo, recordó a muchos de aquellos loreños que trabajaron con su padre y con él a lo largo de años. «Que te valoren y te tengan en cuenta es un motivo más de que uno existe y hace algo que llama la atención», recordó.

A sus 89 años, este maestro alfarero sigue activo, dedicándole unas ocho horas diarias al oficio, un trabajo que lo mantiene vivo y distraído. «Este trabajo es mi mejor medicina», confiesó.

Restauración de la Plaza de España

Su trabajo más importante sin duda ha sido la restauración de la Plaza de España de la capital, con motivo de la celebración de la Exposición Universal de Sevilla de 1992.

José León Olmo, encargado de Patrimonio Nacional, le confió en 1988 este trabajo y durante más de tres años, él y su hermano Luis, ya fallecido, junto a quien trabajaba en la alfarería, renovaron las piezas deterioradas de este conjunto arquitectónico obra de Aníbal González, con un total de 30 gárgolas, 25 tronos provinciales y varios de los remates de las torres, realizados en 8 piezas con una altura de 2.20 metros cada uno.

Antes de esto, hicieron trabajos durante unos cinco años para Duka Ibérica, filial de la empresa alemana Duka Internacional. «Se nos hizo un pedido de una especie de queseras que la iban a utilizar de paragüeros, escupideros y velones, se cargaba todo en un contenedor y se llevaba al puerto de Sevilla y lo llevaban a Hamburgo donde se hacia la distribución», confesó Antonio.

Recientemente ha terminado un pedido para El Viso del Alcor. Se trata de unas piezas para el Museo del aceite basadas en fotografías hechas por buzos de unas ánforas del siglo sexto a.C. que se encuentran en un barco hundido de la época de los fenicios, en Puerto de Mazarrón, Murcia.

Según relata Antonio, este es un oficio difícil, donde lo primordial es que te guste y que, además, se tiene que aprender desde pequeño. «Si te gusta, aprendes lo que te propones». Asimismo, es un negocio que ha sufrido la crisis pero ha sabido mantenerse, ya que el maestro alfarero destaca que hay una cultura de los tradicional y de valor por lo artesano. «Son piezas que hablan por sí solas, representan una época, un pensamiento», resalta.