CARMONA

El misterio de la inscripción árabe de una cueva de Carmona

La Batida es una enorme cantera donde la acción humana ha creado un espacio singular y cargado de historia

La inscripción árabe que aparece en las entrañas de la cueva está por descifrar
La inscripción árabe que aparece en las entrañas de la cueva está por descifrar - A.M.

Este lugar está revestido de la fuerza de la tierra, enclavado en un entorno natural peculiar, sacralizado por el hombre y moldeado por la historia como testimonio de esfuerzo y esplendor. Es la Cueva de la Batida, un nombre que conduce al asombro y bajo el que aún queda algún misterio por desvelar.

Esta cantera, que estaba a poca distancia de la ciudad y que también fue usada para vender materiales a otros lugares, fue utilizada desde Roma hasta el siglo XVIII, cuando el uso de la piedra en la construcción se aminora. De hecho en esa época las carencias económicas hacen que los sillares que se emplean en las construcciones más nobles sean en buen parte aprovechamiento de otros romanos.

El esfuerzo humano de extracción debió ser ingente y la técnica para obtener la piedra una ciencia al alcance de pocos. Eso hizo que algún maestro cantero dejara la huella de su paso por el lugar sobre la misma piedra. En un punto elevado puede leerse aún una inscripción realizada en grandes letras en la parte más alta y hacia el exterior por Antón Gallego en 1690 y en la que se proclama con orgullo cantero de la Batida.

la dureza del trabajo y la necesidad de abastecimiento, herramientas y transportes hizo que alrededor de la Batida hubiera pequeñas construcciones y chozas que pudieron albergar talleres o cocinas. Los trabajadores hacían su vida aquí y también rezaban aquí. Así lo hacían los musulmanes, que también explotaron la cantera y que tienen la obligación de hacerlo cinco veces al día.

Esto podría explicar la existencia de un elemento singularísimo. Escondido en una zona ahora de complicado acceso por estar colmatada en buena parte de tierra está tallado en la piedra lo que parece un altar. Puede verse un arco de herradura que enmarca unas inscripciones que no están desveladas. Campo para el misterio. Su vinculación con los trabajadores sería una posible explicación, que cita como más probable el arqueólogo municipal Juan Manuel Román. Pero también podría tratarse de un «morabito», al que se retirase un ermitaño o anacoreta musulmán para alejarse del mundo y buscar su encuentro con Alá.

Huella cristiana

Los cristianos también dejaron su huella en materia religiosa y en diversos puntos pueden verse inscripciones con el anagrama de María o con la Cruz. En algunos puntos enfrentadas de forma que complementan su mensaje. Viejos testimonios que a simple vista pueden pasar desapercibidos, pero que cobran significados con la incidencia de una luz que cree sombras, como debieron ser las de las velas que alumbraban el lugar.

Todo ello está enmarcado en un entorno natural valioso que sobre vuelan algunas aves de gran porte, como una lechuza que se oculta en estas oquedades.

La suma se completa con la proximidad de la calzada romana y del puente de los cinco ojos y se remata con la panorámica de Carmona a lo lejos elevada sobre el alcor. Con todo ello es fácil deducir que este lugar, que es de propiedad municipal, tiene un potencial turístico enorme, que siempre ha figurado en los planes de la ciudad como proyecto, pero que por ahora no ha logrado concretarse, más allá de las visitas guiadas que ahora se realizan de forma puntual.

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