LEBRIJA

Curro Malena, leyenda del flamenco

El cantaor lebrijano de 71 años se une a El Lebrijano, Rancapino, Fosforito y Paco Cepero en la nómina de míticos artistas

El cantaor lebrijano Curro Malena con el premio Leyenda del Flamenco
El cantaor lebrijano Curro Malena con el premio Leyenda del Flamenco - A.H.
ALEJANDRO HERNÁNDEZ Lebrija - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

No responde a una historia inventada y extravagante como si fuera una leyenda urbana, sino que el apelativo de leyenda en el caso de Francisco Carrasco Carrasco, conocido en el mundo flamenco, de la cultura y de las artes como Curro Malena, es una realidad tangible y verificable.

Al menos así lo entienden en la Asociación Cultural Flamenca la Fragua, en la empresa Flamenco de la Isla y en la Venta de Vargas de San Fernando, uno de los templos flamencos gaditanos donde en 1958, con 8 años, hizo sus primeros pinitos un tal José Monge Cruz, Camarón de la Isla, con el que Curro Malena, nacido en 1945, compartió cartel en numerosos festivales.

En este lugar emblemático, Curro Malena recibió este miércoles el quinto premio Leyenda del Flamenco coincidiendo con el sexto aniversario de la proclamación por la Unesco del flamenco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

El cantaor lebrijano sucede en el galardón a Juan Peña, premiado en 2015, y a los anteriores galardonados Rancapino, Fosforito y Paco Cepero, todos leyendas con mayúsculas.

«Ha sido una gran alegría cuando me anunciaron que me habían concedido el premio», señaló Curro Malena a ABC Provincia poco después de conocerse la noticia. «En la vida no se es consciente cuando se llega a ser una leyenda, son los demás los que te dicen que lo eres», indica agradecido el cantaor, esforzándose por ser entendido dado que un ictus sufrido hace seis años le ha afectado a la voz.

Siempre acompañado por su mujer, María Vargas Peña, y rodeado de premios y recuerdos de sus actuaciones y grabaciones que decoran el salón de su vivienda, a los pies del castillo de Lebrija,Curro Malena recuerda que «he pisado muchísimos escenarios y tablaos, he cantado muy bien y he generado una afición muy buena», destacando como sus cantes preferidos la soleá y la seguiriya, «los palos que más me gustan y los que domino mejor».

El que consiguió gustar a Antonio Mairena a finales de la década de los 60 –«ese gitanillo canta bien», rememora Malena al referirse al comentario de Mairena la primera vez que le escuchó– ha llevado su arte hasta Israel, Bélgica, Inglaterra, Suiza y Francia y señala que «aquí [en España] se entiende bien el flamenco, pero en el extranjero, sobre todo en Francia, hay mucha afición y gusta mucho».

Curro Malena se define como un cantaor ortodoxo, «no es normal que el flamenco se divida entre puro y fusión», y no duda en opinar que «la fusión no vale un duro» para a renglón seguido indicar que «a mí me gusta el flamenco de verdad y por derecho» y aconseja a los jóvenes que «deberían de seguir el camino que yo he marcado». El cantaor lebrijano defiende que «hay que ser muy purista, en la línea de Antonio Mairena y todos los buenos cantaores».

Familiares, amigos y flamencos aficionados y profesionales de Lebrija, San Fernando, Chiclana y Vejer arroparon el miércoles a Curro Malena en el acto de entrega del quinto premio Leyenda del Flamenco: una estatua de Camarón sentado y cantando. Rancapino, primer cantaor al que se le concedió el galardón, y Paco Cepero, tercero de las leyendas, acudieron al acto de la Venta de Vargas que comenzó, no podía ser de otra manera, con el cante de Isabel Carrasco y la guitarra de Currito Malena. «Con lo difícil que es cantar por la mañana», piropeó Cepero a los artistas.

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