LOS PALACIOS

Un aparejador en paro acaba colocando sus piezas de cerámica en el Thyssen y el Bellas Artes

Joselu Domínguez, de 45 años, se recicló laboralmente tras ser despedido de una filial de Endesa y ahora vende con éxito sus obras en las tiendas de varios museos andaluces

Joselu Domínguez con algunas de las piezas que vende en su tienda palaciega
Joselu Domínguez con algunas de las piezas que vende en su tienda palaciega - F.R.M.
FERNANDO R. MURUBE Los Palacios - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

Joselu Domínguez (Los Palacios, 1971) ha tenido desde pequeño un talento especial para las artes plásticas (dibujar, pintar, moldear). Siempre ha sido su verdadera pasión, pero conforme cumplía años y como tantos otros jóvenes fue abandonando la idea de dedicarse a ella por temor a ese hipotético vacío al que empuja el precipicio del paro.

Dejando a un lado su sueño, estudió para aparejador con la intención de salvar el cocido. Así, cuando a principios del presente siglo Joselu estaba perfectamente asentado laboralmente en Enditel (Endesa Ingeniería y Telecomunicaciones), su faceta artística pasó a un segundo plano, y ni él mismo apostaba un céntimo a que ésta volvería a tener un papel protagonista en su vida. Sin embargo, aquel espíritu creativo y bohemio de la infancia seguía latiendo agazapado en su interior esperando su momento.

Despidos y cierres

En 2001 el atentado del 11-S afectó enormemente al sector de las telecomunicaciones y el palaciego fue uno de los cientos de trabajadores de los que prescindió su empresa, viendo así cómo su estabilidad laboral se desvanecía al mismo ritmo que las Torres Gemelas.

Posteriormente decidió montar un estudio junto a un grupo de amigos. La nueva empresa fue tomando vuelo, haciéndose con importantes proyectos de la Junta de Andalucía. Pero de nuevo otro revés. La archiconocida crisis económica dio al traste con todos los planes del equipo y tuvo que echar el cierre.

Tras el segundo traspié, su hermana Rosa le plantea la idea de crear una empresa de figuras de cerámica, aprovechando los conocimientos que ambos tenían en este sentido y el éxito que sus obras habían suscitado entre familiares y amigos. Era el momento de soltar amarras y apostar por el arte como medio de vida. Tras una etapa de experimentación con materiales y técnicas crea en 2010 «Pieza Única», su empresa especializa en el rakú, una técnica oriental decorativa muy laboriosa.

La diferencia de ésta respecto a otras es que las figuras experimentan una segunda cocción a más de 900 grados de temperatura, pasando luego a un recipiente con material orgánico y que provoca una reacción química del que se obtienen unos matices, brillos, tonalidades, texturas y colores realmente fascinantes y nunca iguales de una pieza a otra, de ahí el nombre de la empresa.

«Es un complejo proceso en el que influyen muchos factores, ni siquiera yo sé exactamente cuál va a ser el resultado. En la cerámica convencional lo controlas todo de principio a fin, con el Rakú se produce un momento mágico de expectación al desconocer el efecto que provoca en la pieza la combustión», explica.

Unas piezas que elabora con mimo y fina sensibilidad en su taller y siempre bajo el impulso de la pasión de quien hace con sumo gusto lo que le ocupa. Sus creaciones tuvieron desde un primer momento gran aceptación, aunque el artista prefiere tomarse con calma sus encargos, cada vez más numerosos, con el fin de poder paladear sin prisas el proceso artístico.

No obstante, sus obras, entre las que destaca una menina (hay quien las colecciona), se pueden adquirir en el Museo de Bellas Artes de Sevilla,el Museo Thyssen de Málaga, el Museo Picasso de Málaga, en la Casa Natal de Picasso, en el Museo de Medina Azahara —próximamente en el Centro Pompidou—así como en numerosas tiendas especializadas de Madrid, Barcelona o Sevilla.

Rakú significa tranquilidad, diversión y felicidad, exactamente lo que Joselu ha conseguido con esta técnica alejándose del corsé de los horarios.

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