El crucificado mexicano que recibe culto en Alcalá
El crucificado mexicano que recibe culto en Alcalá - A.M.

Un Cristo mexicano del siglo XVII ya recibe culto en Santa Clara

Se recupera así la histórica devoción de la Vera Cruz con una singular imagen

ALCALÁActualizado:

Un crucificado del siglo XVII y que tiene su origen en México se ha incorporado al patrimonio artístico y devocional de Alcalá. Ya recibe culto en el convento de Santa Clara, de forma que tras un largo y complejo periplo histórico, la ciudad recupera una devoción histórica pérdida, la de la Vera Cruz.

¿Cómo llega una imagen del XVII desde México a Alcalá? Es un largo recorrido que ahora ha culminado con la bendición del crucificado. En esa época la demanda de imágenes de culto era enorme. Había un gran mercado que abastecer, que también requería obras de bajo precio.

Era la época en la que se mantenía un comercio pujante con las Indias y en la que se creó un mercado global entre la metrópolis y las colonias. En América, los indios poseían una técnica para elaborar a sus ídolos. Lo hacían con telas y pasta de maíz, con las que iban dándole forma, dejándolos huecos por dentro.

Eran así poco pesados y podían llevarlos a la batalla. Alguien debió pensar que esta técnica se podía aplicar también a las imágenes de culto cristianas y se creó un mercado que las producía de esta forma, a bajo coste por lo barato de los materiales y de la mano de obra. Además tenían la ventaja añadida de que su poco peso facilitaba la carga en barco hacia su destino final.

Así llegaron a Sevilla muchas de estas imágenes. El profesor titular de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, Joaquín Arquillo Arquillo las ha estudiado y ha localizado sólo en la provincia de Sevilla más de 30.

También son frecuentes en el entorno de los puertos gallegos y en las islas canarias. En ellas coinciden en materiales, técnica de ejecución y estética. Su nivel artístico es inferior al de la imaginería en madera que entonces se hacía en España y sobre todo en Sevilla, pero su precio les aseguraba un hueco en el mercado. Este experto confirma el origen mexicano de la imagen de Alcalá.

La imagen es de tamaño natural, hueca y clavada con tres clavos. El Cristo aparece muerto, con la llaga en el costado que mana abundante sangre, siendo este el detalle más cruento de la representación que también presenta regueros de sangre en la frente, los hombros, las manos y los pies.

La cabeza inclinada sobre el hombro y los ojos entreabiertos. Tiene un mechón que cae en vertical junto al rostro. El sudario se anuda al lado derecho donde cae un paño en vertical que parece pudo haber sido añadido en época posterior.

La talla debió permanecer largos años guardada en un habitáculo muy pequeño que produjo la rotura de sus extremidades. En este estado fue cedida a la Sección de Alcalá de la Adoración Nocturna Española en septiembre de 2011. Esta entidad la ha incorporado como titular y una vez restaurada la ha bendecido y puesto al culto.

De la restauración se hizo cargo la Facultad de Bellas Artes, con la dirección de Joaquín Arquillo, que ha completado un largo proceso de recuperación.

Lo primero fue una completa serie de análisis de materiales, pruebas, radiografías, para conocer el mayor número posible de datos antes de empezar a actuar sobre ella. Después empezó el proceso de consolidación de las diversas partes y el ensamblado.

Ha sido necesario recomponer algunos trozos que faltaban sobre todo en las rodillas para lo que se han empleado los materiales más similares posibles a los de la imagen.

Quedaba la policromía. Los análisis habían indicado la presencia de varias capas. Una de las que estaban en los niveles inferiores tenía buena factura, pero no estaba completa, así que se optó por conservar la más superficial.

Aún quedaban más cosas. La imagen no tenía cruz. El sacerdote Manuel Ángel Cano se encargaría de ello en los talleres de carpintería de AFAR, la obra social que fundó en Alcalá.

La primera que se hizo resultaba muy pesada al ser maciza, así que de nuevo Manuel Ángel se puso manos a la obra y creó una cruz hueca. Lo último fue el «títulus» o tablilla con la sentencia de Cristo. De nuevo Manuel Ángel resultó providencial ya que él realizó la talla.

La advocación elegida tiene un especial significado en la localidad. La Vera Cruz está presente en la mayoría de las localidades, pero en Alcalá. La hubo durante siglos con su correspondiente cofradía y gozó de gran devoción en la figura de un crucificado del que no se tienen datos.

Se localiza por última vez en el desaparecido convento de San Francisco, pero con la Desamortización y el abandono del mismo se le pierde la pista. Ahora se rescata un trozo de la historia de la localidad con recuperación de esta advocación para una imagen de culto.