«Torres en la cocina» celebra 500 entregas: «La tele es apasionante, pero nunca sabes si va a salir bien»

Los gemelos acaban de sacar su segundo libro de recetas del programa

Los gemelos Torres
Los gemelos Torres - TVE
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Quinientas entregas de «Torres en la cocina» en TVE, dos estrellas Michelin y ahora dos libros de cocina sobre el programa. Sergio y Javier Torres no pueden acabar el año mejor. «Tendemos hacia la unión y el buen rollo y creemos firmemente que no hay excusas para no comer bien», reivindican estos hermanos «anticomida industrial». Pese a la «competitividad sana» que mantienen, presumen de tener una cocina con «cuatro manos y dos cerebros que reman siempre en la misma dirección».

Su secreto para conquistar a la audiencia, unas 700.000 personas cada mañana, es que son exactamente igual delante y detrás de las cámaras, explican los responsables del formato: «Hasta en sus discusiones». «La televisión es apasionante, pero nunca sabes si va a salir bien o mal y hay que pelear cada día, programa a programa», cuenta Javier. «Nosotros al principio no podíamos dormir y todavía hay días que no nos podemos ver. Todavía nos queda mucho por aprender», añade su hermano.

Lo mejor de meter a los chef entre cámaras y focos, confiesan, es que «se ha democratizado» la cocina. «Pero que nadie se confunda, porque esta profesión requiere mucho sacrificio y la gente no lo sabe», apunta Sergio. Ellos graban por la mañana y atienden el servicio de Dos Cielos Barcelona por la tarde. Además, viajan de vez en cuando a Madrid para vigilar su local homónimo en la capital.

Cocineros precoces

Aunque ahora son dos cocineros de renombre, sus inicios no fueron tan fáciles. Desde pequeños, gracias a la influencia de su abuela Catalina, supieron que querían vivir entre fogones. Pero a los 14 años ninguna escuela de hostelería les quería admitir. Acabaron colándose en el despacho de Josep Lladonosa, director de la escuela catalana Arnadi, que accedió a hacerles una prueba. «Nos cogió por pesados», recuerdan. Luego comenzaron a viajar por separado y a realizar estancias en distintos restaurantes de renombre. «Los talleres han existido siempre. Yo he podido trabajar en las mejores cocinas, algo que no hubiera podido hacer si no es como stagier. La cuestión es que hay que cuidarlos, vigilar que aprendan, tengan buenos horarios», cuenta Sergio sobre la polémica de los becarios de alta cocina. Más tarde, los hermanos volvieron a juntarse, con sus saberes complementarios, para trabajar juntos. «Nos entendemos muy bien, tenemos los mismos gustos», concluye Javier. Coinciden incluso en aficiones.

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