Netflix se pasa de la raya

Crecen las críticas contra el estilo publicitario de la plataforma estadounidense

Cartel de San Sebastián - EFE/ Vídeo: NETFLIX
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Que la mala publicidad no existe es un principio que sigue teniendo adeptos. Provocar es una estrategia frecuente para llamar la atención. No menos legítimo es expresar libremente el desacuerdo o el dolor, sobre todo cuando quien sufre y se lamenta es una víctima herida, cuando los valores quedan en segundo plano. En los últimos días, han arreciado las quejas contra Netflix tras la aparición de un gran cartel en el centro de San Sebastián para promocionar la película «Fe de etarras», comedia sobre las peripecias de un comando terrorista en los días en que España ganó el Mundial de Fútbol. No es la primera vez que un anuncio del gigante suscita controversia.

El presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Alfonso Sánchez, alega que existen «muchas cosas sobre las que se pueden hacer bromas» antes que un «asunto delicado» como los crímenes de ETA: «No creemos que sea un tema para frivolizar, porque todavía hay heridas abiertas y muchas familias rotas». Sánchez subraya que la calle donde se colgó el cartel, en la Parte Vieja, está «a 300 metros» de donde la banda asesinó a cinco personas. En la misma línea, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo destaca que es una imagen «provocadora» con la que se busca la polémica: «Cada frase que le dedicamos es una victoria, es justo lo que buscan», destaca la institución, sin embargo prudente sobre la película antes de «analizar el contenido».

«No se justifica una ofensa»

En efecto, conviene distinguir estas protestas y las que ya ha recibido el filme de Borja Cobeaga, que no se estrenará hasta el 12 de octubre. Antes de comprobar si Diego San José, coguionista de la cinta, ha estado tan atinado como con «Ocho apellido vascos», al menos sabemos la honradez con la que afronta su trabajo: «Jamás un sketch justificó una ofensa a nadie», explicaba durante el rodaje. «El material es delicado, pero sobre todo está el sentido común del que escribe, tener una conciencia moral de lo que manejas», añadía San José.

Pero el sentido común y la conciencia moral no son contagiosos. Entre la genialidad y el exceso hay una fina línea muy fácil de traspasar. De un tuit a un cartel gigante hay un trecho que resulta complicado recorrer sin tropezar. Si lo que se mide es el nivel de ruido, la campaña es perfecta, aunque el dolor de las víctimas no es el único daño colateral. Las redes sociales ya alimentan campañas para boicotear la película de Borja Cobeaga e incluso para darse de baja en Netflix. Quizá compense.

«Antecedentes»

La plataforma estadounidense no necesita polémicas para vender sus mejores series. «Narcos» es un fenómeno mundial incluso donde no han oído hablar de Rajoy, mucho menos de Bárcenas y sus papeles. El famoso «Oh, blanca Navidad» de la Puerta del Sol indignó a la ministra de Exteriores de Colombia y a muchos de sus compatriotas. Cualquier estrategia es válida si cumple la ley, pero se puede volver en contra, convertirse en un disparo en el pie que no vale achacar a un accidente, no con estos «antecedentes».

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