Es noticia:

Late nights, la sátira política de la televisión americana

El público español puede ver en Movistar+ algunos de los mejores ejemplos del formato, con Stephen Colbert, Jimmy Kimmel, Bill Maher o Trevor Noah, entre otros

Jimmy Kimmel es uno de los cómicos estadounidenses más reconocidos
Jimmy Kimmel es uno de los cómicos estadounidenses más reconocidos - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Pueden verse en España (Movistar Series) algunos de los mejores programas de sátira política americana. Por orden creciente de edad, importancia y acidez: Trevor Noah, John Oliver y Bill Maher.

Trevor Noah nació de padre blanco y madre negra en la Sudáfrica del apartheid y su vida se convirtió en una biografía de éxito («Prohibido nacer», Blackie Books). Aceptó el «The Daily Show» que abandonaba el mítico Jon Stewart en Comedy Central tras haberlo rechazado Amy Schumer, Amy Poehler, y Chris Rock.

Tenía las de perder, pero se ha convertido en el late night más visto por los jóvenes. Noah es un avatar pos-Obama que da a la información un punto de vista global y una «experiencia distinta a la del negro americano» que le permite hacer cierto tipo de chistes, vedados a un blanco.

La crítica de Noah suele ser más suave –aunque una vez llamó «gilipollas» a Trump– quizá por llevar menos tiempo en EE.UU. John Oliver («Last Week Tonight», HBO) se gana ese derecho con una voz cívica y una pasión política que se ha calificado como «ardor inmigrante». Porque Oliver es inglés, casado con una médico militar americana, y saca partido a su «britanidad» con características camisas de cuadros y un acento exagerado.

Oliver, que antes trabajó con Stewart y Stephen Colbert, reivindica la comedia sobre la información, aunque intenta un acercamiento más profundo sobre un tema concreto. Su contrapunto de sátira y activismo ya ha tenido efectos en asuntos como la neutralidad en la red.

Su uso del formato televisivo es el más creativo y encuentra personajes paródicos del mundo real como la gallina candidata electoral en Hungría, o Lord Buckethead, también candidato británico. Si no los encuentra los crea, como hizo con el Cowboy Catéter, extraordinario personaje cuyos anuncios pagó en «Fox and Friends».

Para el columnista del «NYT» Ross Douthat, Trevor Noah y John Oliver dan «conferencias sobre la ignorancia americana». Bill Maher, sin embargo, es capaz de molestar al oponente y hasta a su propia audiencia en HBO desde un partidismo reconocido. Empezó en el mundo de la comedia a finales de los 70. Larry David fue el primero en darle paso a un escenario, trabajó con Steve Allen y apareció en el show de su ídolo Johnny Carson en 1982. Cada vez que iba repetía el mismo chiste: «Soy medio judío y medio católico. Me llevo el abogado al confesionario».

Una misma diana

Maher es un ateo militante y uno de los grandes partidarios de la legalización de la marihuana; donó un millón de euros a Obama y cuando Trump pedía su certificado de nacimiento ofreció cinco millones a quien aportara una prueba de que Trump no era «el engendro producto de una relación sexual entre su madre y un orangután». Ha bromeado muy seriamente sobre una posible relación incestuosa entre el presidente y su hija Ivanka.

Maher es el Mozart de la sátira sobre republicanos. «Nunca habrá un escándalo sexual sobre Mitt Romney. Mitt Romney no sabe lo que es una mamada ('blow job'). Piensa que 'blow job' es lo que el mecánico le hace al inyector de gasolina del coche». Con Trump alcanza un nivel supremo: «Cambridge Analytica quiso hacer perfiles psicológicos de los votantes de Trump: qué hábitos tienen, qué coche prefieren, qué tipo de libros les gusta quemar...». «Trump odia a China por fabricar todo lo que compramos, a Amazon por repartirlo y a México por limpiárnoslo».

Otras estrellas actuales del género son el menos político Jimmy Fallon (Movistar +), el reconocido Jimmy Kimmel, Samantha Bee, Conan O’Brien y el gran Stephen Colbert. La sátira política es cada vez más importante. Un estudio demostró que las imitaciones que Chevy Chase hizo de Gerald Ford en el «Saturday Night Live» influyeron en las elecciones de 1976. También se habló del Efecto Fey por las despiadadas imitaciones que Tina Fey hizo de Sarah Palin.

Con Trump se ha señalado un posible efecto contrario, un efecto ofensa: la arrogancia y superioridad intelectual de las bromas dirigidas a una audiencia demócrata de la costa por unos monologuistas hegemónicamente «liberales» pudieron reforzar el voto republicano en el Medio Oeste. Para todos ellos, el presidente estadounidense es actualmente una fuente inagotable de irritación y humor. Es lo que Oliver, que prometió sin éxito hablar menos de él, llama su «fuerza gravitacional».