El Gobierno pierde el «relato» del 1-O en televisión y en las redes

Críticas a RTVE por la cobertura, mientras La Sexta ofrecía una visión monolítica: lo más a la derecha era Sardá

Hughes .

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El asunto político más importante desde la muerte de Franco se lo dejaron a La Sexta, que obtuvo más del 17% de audiencia con picos del 30% por la mañana. TVE regala a La Sexta la publicidad , la audiencia y además el relato, y aloja en el «24 Horas» la tarea de atender el derecho a la información.

Como si fuera la primera vez que sus ojos veían algo así, una periodista de la casa sufrió un ataque de dignidad profesional y tuiteó su airada protesta ante la manipulación , en lo que acabó siendo una denuncia masiva de la propaganda gubernamental. Nadie dijo una palabra dentro de TV3 ; sus periodistas no protestan porque están incluidos en el bloque totalitario-presupuestario y todo el mundo ve normal que esto sea así. La asimetría también es esto.

¿Qué se puede decir de la cobertura de TVE? Fue marianismo puro . Oscuridad en el mundo de internet, donde ya nada puede ocultarse; interés puramente particular y ausencia de razones y energía. Falta de sensibilidad e inteligencia para explicar algo muy serio: la legitimidad de la violencia del Estado . No profundizar en lo que estaba pasando en Cataluña no contribuía a ninguna causa que no fuera la presidencial. Porque su cobertura no contentó a nadie; no ahondó en las importantes razones, tampoco mostró debidamente las imágenes de los atropellos a policías y guardias civiles, y sirvió en bandeja otra excusa para desacreditar lo estatal en Cataluña.

El Ente se hizo Mariano, y sus periodistas decidieron protestar y defender el prestigio de la casa en pleno golpe de Estado. La politización de TVE es un problema conocido dentro de otro mayor: el marianismo. El domingo se enfrentaban esa mezcla de mutismo, oscuridad y perogrullada contra un potente sistema de propaganda refinado durante décadas. Al reflejo de los argumentos separatistas en la prensa internacional hay que sumar su predominio en internet. Un cuerpo organizado de activistas difundía cualquier vídeo, fake o no, para propagar en el mundo la idea de una violación de los derechos humanos, argumento esencial para socavar la posición española. Iban a votar y también iban a grabar, y los distintos colectivos y órganos públicos a tal efecto creados distribuían debidamente la información conforme a una estrategia previa. El Barça contribuyó decisivamente a ella mandando al mundo el mensaje de un Camp Nou vacío.

En las redes sociales se produjo algo insólito. Apoyaron la causa separatista individuos incompatibles como Assange, Kasparov, la izquierda mundial, algunos alt-right , la prensa liberalprogresista y el mundo universitario. Trumpianos y antitrumpianos; J. K. Rowling y los «brexiters» , unidos en la misma consternación. Fue una catástrofe «narrativa», y se notó la vieja soledad de España ante un mundo anglosajón y protestante.

Los catalanes han creado estructuras para que esto ocurra. El Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña es una fundamental. No se trata de una agencia de colocación, sino de activismo. ¿Es posible que no sepa el Gobierno español que una batalla de propaganda se libra diariamente en la red?

Perdido el exterior, el relato hegemónico en España fue el de La Sexta. Todos los invitados eran catalanes, lo cual es antropológicamente muy interesante, pero reduce de modo subliminal el «ámbito de decisión» en algo que afecta a toda España.

Con los políticos y periodistas catalanes pasa que cuanto más tiempo les dedica uno más compleja e insondables parecen sus sensibilidades. Paradójicamente, esas «múltiples sensibilidades» se expresan luego en un único bloque monolítico.

Lo más a la derecha en La Sexta quizás fuera un Javier Sardá convertido en el señor Casamajor. Para compensar los años de «Crónicas marcianas» (la Pantoja de Puerto Rico, Pocholo...) ahora Sardá nos regala politología Roures. El efecto sobre nuestras psiques es decisivo. ¿Y por qué? El 7% de los supuestos votantes optaron por el no; porcentaje pequeño incluso para un pucherazo preparado que sumaba un 100,88% de los votos . Pero ese argumento, el «yo no soy independentista, pero quiero tener el derecho a votar» nos lo habían repetido hasta la saciedad. Había sido sobrerrepresentado mediáticamente, especialmente en esa cadena. El domingo vimos que el referéndum nunca tuvo un interés demoscópico. Nunca fue consulta lo que se buscaba sino «decisión». Nunca fue de democracia sino de independencia. El referéndum, o su simulacro, es solo uno de los instrumentos técnicos para saltar al paso siguiente: la Declaración Unilateral de Independencia. Alguien engañó o alguien hizo de tonto útil.

Lo escuchado durante esas horas será materia de historiadores, novelistas y psicólogos, baste tan solo una declaración de la alcaldesa de Badalona: «La legitimidad no cabe en la ley y hay que empujar para que entre». Por unas horas, La Sexta nos metió en la TV3 . O sea, que el Marianismo no penetra Cataluña, es la TV3 la que penetra España. Ese es el resumen.

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