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First Dates

El tajante corte de una comensal a su pareja

Arancha tuvo claro desde el comienzo que no le gustaba su pareja y se lo hizo ver muy pronto

Arancha durante su cena en First Dates
Arancha durante su cena en First Dates - CUATRO
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La semana se acerca a su fin en First Dates, el espacio de citas que dirige Carlos Sobera en Cuatro y que no da a basta a recibir solteros. Los números hablan por sí solos, y el dating show supera ya holgadamente los 600 programas, y no hay señales que indiquen que vaya a agotarse pronto. Oleadas de solitarios que llaman a sus puertas buscando tener una oportunidad en el amor, y el público parece no cansarse nunca del espacio, como demuestran los excelentes datos de audiencia de First Dates.

Empezó la noche con una bailarina de twerking sevillana con la mayoría de edad recién cumplida. «A mí mover el culo me encanta y me gustan los chicos que bailan», reconoció Arancha, que se gana la vida como bailarina de discoteca. «Yo quiero un chico con carácter, que sepa llevarme, que le guste salir de fiesta y que no sea controlador», avisó la joven sevillana. Su pareja fue Pablo, un malagueño de 21 años al que le gustan las mujeres habladoras y con carácter, «un carácter chulesco, pero de chulería bonita, con su puntito de enfado pero que sepa escucharte». También le gustaba bailar, lo cuál fue un punto a favor de cara a la primera impresión con su cita.

La cena empezó ya con un pequeño desacuerdo entre ambos sobre cómo debe ser la vida en pareja y sobre la importancia de la fidelidad. «Así vamos mal», le advirtió Pablo tras un pequeño rifirrafe, y luego añadió ante las cámaras que «la primera impresión ni sí ni no, tendría que conocerla más». Se notaba que a Arancha no le gustó demasiado su cita, y desde el principio intentó boicotear la cena con unas cortantes palabras: «Que sepas que yo no necesito venir aquí para ligar, yo cuando salgo de fiesta me lío con quien quiera», le advirtió a un Pablo que pilló perfectamente la indirecta. Para culminar la noche no podía faltar un baile que Pablo aprovechó para intentar meterle morro a Arancha, que supo hacer discretamente la cobra: «Hubo un momento que me sentí incómoda porque él quería más pero yo no». Al final, la sevillana rechazó a Pablo, que se marchó molesto porque consideró que Arancha no se había molestado en conocerle.

El hombre de la segunda pareja fue Francisco, un empresario valenciano de 52 años que contó antes que nada su batallita sobre una azafata con la que había tenido sexo en un avión. Pero luego se puso digno: «Por el estatus que tengo me gusta ir siempre bien arreglado y bien vestido, intento transmitir elegancia». Su pareja fue Ángela, una alicantina que se dedicaba al «mundo del arte», aunque no llegó a concretar mucho qué significa eso. Al valenciano le gustó su pareja, básicamente porque la consideró «una mujer de mi mismo estatus». «Son como una pareja de toda la vida», resumió acertadamente Sobera una cita que terminó con un «sí, quiero» mutuo.