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First Dates

La siniestra vocación de la aspirante más joven de «First Dates»

Laia, de solamente 18 años, tiene una vocación un tanto peculiar para gente de su edad

Laia es estudiante de tanatoestética
Laia es estudiante de tanatoestética - CUATRO
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«First Dates» encara el final de la semana tratando de emparejar a los individuos más peculiares de nuestro país. El restaurante del amor que Carlos Sobera capitanea las noches de entre semana en Cuatro ofrece a los desheredados españoles la posibilidad de enamorarse cuando muchos ya habían abandonado la esperanza de escapar de la soledad. La suerte de los aspirantes es desigual, y el margen de posibilidades va desde el fracaso total y absoluto hasta el amor a primera vista que culmina en beso antes incluso de terminar de cenar.

La noche del jueves empezó con el vigués Fran, un veinteañero futbolista y chuleta que tenía claro lo que buscaba en las mujeres: «Quea sea guapa y tenga unos dientes bonitos, eso es en lo que más me fijo». Los guionistas de «First Dates» sentaron a su mesa a Aroa, una asturiana de 23 años que, a primera vista, no pegaba demasiado con el gallego: sus estilos de vida y gustos eran totalmente distintos, incluso antagónicos. Mientras que el futbolista era poco amigo de la noche y muy estricto en cuanto a su rutina deportiva, Aroa tenía un punto más alocado y fiestero. Su cita fue cordial y animada, plagada de risas, aunque el futbolista se mostró más distante y desinteresado que ella, que parecía encantada con la idea de salir con un futbolista. Al final, ella tuvo muy clara su respuesta afirmativa, y Fran, aunque con la boca pequeña, aceptó volver a verse con la asturiana para conocerse en mayor profundidad.

Acto seguida llegó otra pareja de jóvenes, la formada por la pluriempleada Jany (camarera, modelo y enfermera) con el no muy espabilado Jony, operario de en el aeropuerto de Barcelona. Para romper el hielo, Sobera le pidió a Jany que escribiese en una servilleta cómo sería su segunda cita ideal (ni más ni menos que en Las Vegas) y la misma prueba le puso a Jony. Este último, más falto de imaginación, escribió un soso «manta y peli» que contribuyó a su pareja se llevase una primera impresión negativa. Sin embargo, y contro todo proónostico, la chispa saltó y la atracción mutua acabó cuajando entre ellos. Jany prometió viajar a Barcelona en las próximas semanas para visitar a Jony.

Casi al final del program, llegaron los benjamines de la noche: Fran y Laia, de 19 y 18, que parecían tener más bien 15 y 16. Aparte de su corta edad, les unía una profesión más o menos parecida, ambas relacionadas con la estética: mientras que él peina vivos, ella se dedica a maquillar muertos, es decir, es estudiante de tanatoestética, una peculiar vocación para una chica de su edad. Laia entró ya al restaurante haciendo gala de un patosismo simpático y entrañable, y se tropezó cuando su pareja la esperaba en la barra. Poco después se le cayeron los cubiertos por los nervios y se disculpó ante Fran. La compenetración fue total entre los dos desde que se sentaron a cenar, y las miradas que se echaban eran suficientemente expresivas. Ilusionados como adolescentes ante su primer amor, se dieron el «sí quiero» y se marcharon dándose la mano.