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«Chester»

Alba Carrillo: «Tengo una parte oscura»

La modelo Alba Carrillo y el bailarín Nacho Duato se sientan junto a Risto Mejide para hablar sobre la belleza, tanto la exterior como la interior, así como el amor, la fama y el trabajo

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¿Dónde reside la belleza? ¿En lo físico o la actitud? ¿En creérnoslo o en querernos? ¿En los espejos o en los ojos de quienes miran? Dos «guapos oficiales» como Alba Carrillo y Nacho Duato se sientan este domingo (Cuatro, 21.30) en «Chester» junto a Risto Mejide para intentar responder a alguna de estas preguntas desde la perspectiva de dos personas que siempre han llevado asociada a sus nombres la etiqueta de «atractivos». Los dos conocen bien las ventajas o desventajas de ser bellos, por su físico o por lo que transmiten. Ambos hablarán sobre vulnerabilidades o los miedos detrás de la belleza, sobre «rubias y tontas», «guapos que lo tienen más fácil en la vida» y otros tópicos. Y los dos explicarán cuáles son los enemigos de su belleza: la inseguridad, las arrugas, los complejos...

Modelo, concursante y colaboradora en programas de televisiva, presentadora, empresaria y madre. Y además de todo ello, una celebrity por sus relaciones sentimentales con el piloto Fonsi Nieto y el tenista Feliciano López. Alba entro en la moda de manera casual y su belleza le abrió puertas hacia otros caminos profesionales no exentos de polémicas. Ella se define como una mujer a la que le ha tocado el disfraz de guapa («me era cómodo ser la rubia tonta. No tienes que trabajártelo»), pero la belleza no es solo lo estético y ella es consciente de que su paso por los programas de televisión ha generado determinados prejuicios. «Habéis visto como soy en 'Supervivientes'», cuenta. «Todos tenemos un lado oscuro, yo tengo un lado oscuro y no me sinto orgullosa de eso», añade. Más que sentarse en el Chester, Alba se sienta en el diván de Risto, más escéptico que nunca con su invitada. «Parece que tengo que ser por dentro igual que por fuera. Tengo que ser mona. Y no. Todos nos enfadamos, nos cabreamos o hacemos cosas que no están bien. Cada uno tenemos nuestro cliché, pero dentro lo que hay son seres humanos cagados de miedo». «Vivo acojonada»

Lanzada a la fama gracias a su participación en el talent de Cuatro «Supermodelo», Alba pronto vio las fauces al lobo de la moda. «Menos mal que tenía las ideas muy claras y sabía que la carrera era lo primero porque lo que me decían no era normal. (...) Existe una doble moral terrible. Por ejemplo, para la Madrid Fashion Week te piden un peso determinado. Si lo das, no cabes en la ropa de los diseñadores. Así que adelgazas, pero te ponen pesas en los sujetadores o te hacen beber dos litros de agua antes de pesarte y pasar la prueba. Pesas más de lo que tú pesas totalmente, pero es solo una incoherencia más de ese mundo. La moda es todo fachada. Hay que levantar alfombras, hay mucha mierda ahí metida».

Tras las pasarelas, llegaron los photocalls. Sobre todo, por sus relaciones amorosas: Fonsi Nieto, Feliciano López… «Los diseñadores no quieren mujeres famosas. Las modelos tenemos que ser perchas. Tú no puedes sobresalir por encima de su ropa». Su primer amor mediático fue Fonsi Nieto. «Fonsi me abrió las puertas a la madurez. De cara a mi carrera de modelo, nuestra relación me perjudicó. No interesa que hablen más de que está desfilando la novia de Fonsi que de la ropa que llevas. De cara a mi carrera mediática, obviamente, no. Fue la primera persona con la que me fui a vivir y tuvimos un hijo. Fue muy rápido, pero no nos arrepentimos ninguno de los dos». Así que Risto Mejide le plantea una pregunta: ¿Cazafamosos antes que modelo? «Ese concepto me hace gracia. No lo soy, pero ¿por qué ser famoso tiene que ser un hándicap? ¿No puedes trascender y conocer a una persona por el hecho de que una de sus características sea que es famoso?». Y es aquí es cuando Carrillo descubre su gran «defecto»: «Me dicen ellos a mí. No sé ligar. No me lo he tenido que currar». Lo que tiene claro es que «cuando se rompe una relación... poco hay que hacer. Un polvete no te digo yo que no, pero los sentimientos no vuelven».

El bailarín Nacho Duato es el coreógrafo español por excelencia. Fue director artístico de la Compañía Nacional de Danza desde 1990 hasta julio de 2010, puesto al que llegó tras una larga y premiada carrera en las mejores compañías del mundo. En 2013, con 56 años, colgó las zapatillas y se centró en ser coreógrafo y director artístico… Fue el punto y seguido a una vida en la que casi siempre ha caminado solo, sin el apoyo de su padre. Sabedor de que siempre ha sido guapo, Nacho es consciente de que la belleza tiene sus luces y sombras. «En el escenario es mejor ser atractivo, pero hay quien pensaba de mí que, como era guapo, no tenía dos dedos de frente (…) Recuerdo a una presentadora de televisión muy famosa, de los años 80. Yo estaba en la discoteca Morocco en Madrid y la oí decir, ‘Nacho Duato no debe de ser muy interesante, es demasiado mono’. He tenido amigos muy guapos, modelos de Valentino, de Armani y tal… Al cabo de un tiempo, me parecían hasta simples. La belleza tiene que tener otro lado. Hay que cultivarla. La gente solo ve el lado externo y eso a veces ha ido en contra de mis intereses».

El primero en ir contra los intereses de Nacho fue su propio padre. «Donde he llegado, me lo he currado yo solo. Mis padres no me dejaban bailar. A los 17 años tuve que irme a Londres. Y decirles que iba a aprender inglés y que me apuntaría a una escuela de mimo. Me daba miedo decirle a mi padre que iba a estudiar ballet, con todo ese prejuicio de que el ballet es para las chicas o que todos los que bailan son maricas… Nunca tuve la ocasión de poder hablar bien de estas cosas con mi padre». De hecho, no se lo dijo hasta que no estuvo en Estocolmo .cuando ya tenía un contrato. Ese acuerdo tácito de silencio en casa incluyó no hablar nunca de la gran amistad que le unió con otro de los ‘guapos’ de España, Miguel Bosé. «Desde el primer momento que nos vimos, nos gustamos como personas y nos gustamos físicamente. Nos juntamos como uña y carne. Es uno de mis mejores amigos, es una persona con un corazón que no le cabe dentro, un gran artista. Estuvimos juntos en Nueva York viviendo. Lo hemos pasado muy bien. Hace mucho que no le veo, pero la amistad no necesita frecuencia. El amor sí».

Y es que, frente al tópico de que el guapo está siempre rodeado de gente, Nacho Duato va contracorriente. «Soy una persona bastante solitaria, desde muy pequeño. Puedo estar tres o cuatro días solo en casa y me olvido de hablar. He aprendido a pasar las horas conmigo mismo: leo, pinto, preparo mis ballets o miro a las musarañas, no tienes por qué estar siempre haciendo algo productivo». Quizá por esos tiempos de soledad, Nacho Duato tiene meridiano su posicionamiento político: «Cuando oigo hablar a Pablo Iglesias o a Errejón siento que dicen cosas que podría decir yo. Cuando habla Rajoy dice cosas que yo nunca podría decir en mi vida. Ni siquiera la forma de hablar. Con Albert Rivera no me siento para nada afín ni a su forma de pensar ni de hablar»); su rechazo a la gestión cultural que se hace desde despachos y ministerios: «He llevado el nombre de España por todo el mundo con mucho orgullo, pero jamás volveré a trabajar con los políticos».

Nacho Duato también habló de la polémica que protagonizó hace tres años tras asegurar que no se sentía español. «Me siento más mediterráneo. España son muchas cosas. Andalucía, Extremadura, Cataluña... Me siento más en casa cuando estoy en una isla griega que en Bilbao por ejemplo», reflexiona el bailarín. E incluso hasta donde se encuentra parte de la solución a muchos de nuestros problemas: «Hay que follar un poco más. Expresas mucho mejor en todos los otros terrenos».