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«Mi casa es la tuya»

Manuel Díaz «El Cordobés»: «Me hice torero por venganza»

Manuel desvela cómo vivió fue el primer encuentro con su hermano tras ser reconocido como hijo de Manuel Benítez

Julio Benítez y Manuel Díaz, en «Mi casa es la tuya»
Julio Benítez y Manuel Díaz, en «Mi casa es la tuya» - MEDIASET ESPAÑA
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Ya han compartido cartel y plaza de toros, pero aún no habían coincidido en un programa de televisión. Manuel Díaz y Julio Benítez, los dos hijos toreros de Manuel Benítez, «El Cordobés», se han sentado juntos para comentar con Bertín Osborne en «Mi casa es la tuya» cómo han vivido el reencuentro familiar dentro y fuera del coso taurino tras la reciente resolución judicial en la que se confirmó su parentesco.

El lugar elegido para reunir a los dos hermanos fue Palma de Río, la localidad cordobesa natal de Manuel Benítez, «El Cordobés». El primero en hablar fue Manuel Díaz. «Me hice torero porque no me quedó más remedio en mi vida. Era mi única arma para intentar darle justicia a lo que mi madre estaba sufriendo. Vocación sí la he tenido después, pero lo que más me gustaba con 13 años era jugar con los niños y no ponerme a entrenar», cuenta Díaz. «Me hice torero por venganza, porque yo tenía que vengar a mi madre, buscar mis raíces, mi sangre», sentencia. No fue hasta años después que llegó el momento que esperaba: «Estaba en un tentadero y me llamaron diciéndome que había salido Manuel Benítez en televisión diciendo que yo era su hijo, en ese momento se me quitó un peso de encima, me liberé. Llamé a mi madre, que estaba en un llanto, me fui a su casa y le di un abrazo. Fue el abrazo de mi vida más significativo, con más cosas dichas y con menos palabras de mi vida».

Para que este momento llegara, fue clave la determinación de Manuel Díaz. «No estaba consiguiendo nada por la vía de esperar. Tengo ya una edad, hijos mayores, mi madre también tiene una edad, y un día por la mañana me levanté y le dije a mi mujer que quería hacer algo, que tenía que solucionar esta etapa de mi vida. Entonces decidí que un juez fuese el que dijera que él era mi padre o no, la oportunidad de que dijese que yo no soy su hijo y yo tener la oportunidad de demostrar que sí lo soy. Empecé esa batalla y con el tiempo un juez me ha reconocido que soy hijo de Manuel Benítez», cuenta el torero. Como ya sabemos, los resultados fueron positivos. «Cuando cuelgo el teléfono se me aflojaron las piernas, empecé a temblar. Yo estaba en el campo y no sabía si reírme o llorar porque era la primera vez en mi vida que yo sabía que todo era verdad. Me senté en una piedra y vino una vaca rumiando, se me arrimó y yo le pregunté: ¿Tú te has dado cuenta de que al final todo era verdad? Ni mi madre lo sabía en ese momento», confiesa emocionado.

Manuel Díaz «El Cordobés»
Manuel Díaz «El Cordobés»-MEDIASET ESPAÑA

Aunque no se ha producido un encuentro público entre padre e hijo, si ha ocurrido entre hermanos. «Un día mi hermano Chema me dijo que si me gustaría conocer a mi hermano Julio (Benítez). Al poco tiempo quedamos en la cafetería de un campo de golf. Lo primero que le dije fue que nosotros nos parecíamos más, que teníamos más cosas en común que en contra. Primero por la profesión que habíamos escogido en la que hablamos el mismo idioma, y luego que él había sufrido mucho, al igual que yo», relata. «Fue una sensación superextraña, como cuando ves a un famoso por la calle. Pero no me costó nada acceder a verme con mi hermano. Sí lo fue el decidir torear con él por la trascendencia mediática. Yo soy muy tímido y tengo mucho respeto a los medios. Tampoco quería que repercutiera en mi madre y hermanos, que siempre se han mantenido al margen y están en su derecho. Nunca me pusieron ningún impedimento en casa para hacer este encuentro. Lo hice con el corazón porque lo sentía y no me arrepiento de haber dado el paso», añade Julio Benítez.

Lo que sí que ha vivido Julio Benítez que, por suerte, Manuel Díaz no es la presión de llevar el mismo apellido de un maestro del toreo como Manuel Benítez «El Cordobés». «Yo había sido libre de equivocarme y de tener errores como él o cualquiera, pero yo había sido más libre a la hora de analizar lo que hubiera podido hacer mal. Pero él ha tenido la presión del maestro ahí», comenta Díaz. De hecho, Julio no dio el paso definitivo hacia el mundo del toro hasta los 17 años. «No fui capaz de decírselo a mi padre porque siempre he sido muy introvertido. Fue mi hermana Martina la que se lo dijo después de que yo se lo pidiera. Estábamos todos reunidos en una comida y ella le soltó: ‘Papá, quiero comentarte una cosa que Julio no se atreve a decirte: que quiere probar en el mundo del toro’», relata el pequeño de los Benítez.

El punto de vista de los Benítez

Sabemos que Manuel Díaz y su familia no lo han pasado bien con este revuelo, pero los Benítez tampoco. «El tema de Manuel no se hablaba en casa, era un tema delicado. Seguro que mi padre y mi madre sí lo hacían, pero nosotros hemos intentado no sacarlo en conversación», asegura. Ha sido y es difícil saber qué opina realmente Manuel Benítez «El Cordobés», incluso para su propio hijo Julio. «Mi padre es un personaje tan sumamente especial que creo que intentar comprender a esas personas en tan sumamente difícil… Es un tío que te lo da todo y te lo entrega todo, pero tiene sus rarezas», confiesa.

Lo que sí está claro es que tanto Julio como Manuel han ganado un hermano. «La vida no me ha dado la oportunidad de estar con Manuel, pero sí de conocer a Julio que es un ser humano excepcional que me recuerda a mí cuando tenía su edad con esa inocencia del que tira para adelante con todo», cuenta Manuel de Julio. Pero no es el único al que «se le cae la baba». «Conocer a Manuel ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado este año. En el poco tiempo que le conozco me ha tratado con muchísimo cariño, igual que su familia, que es para comérsela», relata Julio.

El encuentro frustrado

De momento, Manuel Díaz no ha coincidido con su padre, Manuel Benítez. Pero sí que lo han intentado, aunque quizá no de la mejor manera. «Mi padre me mandó un secretario para que hablara conmigo. Me dijo que el jefe había pensado que iban a hacer un tentadero para que fuera allí con mi familia y nos hiciéramos una foto para colgar en las redes. Yo le dije: ‘Así no. Tú, si me permites a mí, le dices al monstruo que yo cuando él quiera me voy a donde él me diga solo, solo, a tomarme un café con él y me siento yo solo con él cinco minutos en un cuarto los dos. Yo creo que me merezco, después de tanto tiempo, tener cinco minutos con él. Sin gente, sin una cámara. Que luego quiere hacerse quinientas mil millones de fotos, me las hago. Que luego tenemos que irnos los dos abrazados por la plaza de las Tendillas de Córdoba, me voy. Pero yo quiero cinco minutos’. A los tres días me fui a entrenar y me encontré una página en el Diario de Córdoba diciendo: ‘He invitado a Díaz a vernos en mi casa y lo ha rechazado’. No, perdona. Imagínate cuando vi aquello. Automáticamente llamé a este señor que me llamó y le dije: ‘Lo primero borra automáticamente mi número de tu agenda y no me llames más en tu vida’», recuerda el torero.