El asesino de la catana: «Tenía todo el derecho a salir adelante»

DMAX emite esta noche (22.30) la segunda parte de este documental «Yo fui un asesino», donde José Rabadán narra en primera persona qué recuerda de aquella trágica noche

José Rabadán, en «Yo fui un asesino: El asesino de la catana»
José Rabadán, en «Yo fui un asesino: El asesino de la catana» - DMAX
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DMAX emite esta noche de jueves (22.30) la segunda parte de «Yo fui un asesino». En ella, José Rabadán narra en primera persona qué recuerda de aquella trágica noche en la que terminó con la vida de su familia y cómo ha sido su vida durante estos 17 años tras cometer el triple crimen. Este episodio sigue los pasos del joven asesino desde su huida a Alicante, su detención dos días después mientras intentaba huir a Barcelona, su confesión, el diagnóstico psiquiátrico, el juicio, la condena y los nueve meses que pasó en prisión, tiempo durante el que el joven empezó a ser verdaderamente consciente de lo que había hecho.

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En esta segunda parte, Rabadán también tratará de mostrar quién es en estos momentos, un hombre de fe, casado y con una hija que vive su vida reinsertado en la sociedad. «Yo fui un asesino: el crimen de la catana» recoge también el testimonio de las personas que se han visto implicadas o que le han acompañado de una u otra manera en estos años y que han hecho posible reconstruir qué ha sido de la vida de José durante estos años y tratar de arrojar luz sobre todos los ángulos de la historia. Entre ellos, destaca la participación de Javier Urra, doctor en psicología y ex Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid; Julio García Celorio, pastor evangélico de la Iglesia Nueva Vida; Jesús Jiménez, pastor y su tutor en la iglesia; y las voces de Tania, su esposa, Joaquín Borja, su suegro, y Rosa Rabadán, su hermanastra, a la que no veía desde que se encontraba recluido.

Un diagnóstico controvertido

El diagnóstico fue fundamental para juzgar este caso. Algunos psiquiatras opinaron que se trataba de un «psicópata, narcisista y sádico» pero para García Andrade y Demetrio García, los psiquiatras de la defensa que presentaron su diagnóstico en el caso, fue una psicosis epiléptica idiopática y una conjunción de factores lo que le provocó una evasión de la realidad. La psicosis epiléptica no está admitida por muchos psiquiatras, aunque sí fue admitida en el juicio, que fue realmente una vista de conformidad en la que José reconoce los hechos. Tras este juicio, Rabadán fue condenado a seis años de rehabilitación en un centro para menores y a dos de libertad vigilada. La sentencia que se basaba en la reciente aplicación de la Ley del Menor 5/2000 fue llamativa y muy criticada, pero uno de los principios que busca esta ley, que defiende al menor por encima de todo, es la rehabilitación del mismo y su reinserción en la sociedad.

Después de pasar por dos centros de Menores, José Rabadán se fue a Cantabria. La sede evangelista de la asociación Nueva Vida le aceptó en su casa de acogida para vivir los dos años de libertad que le quedaban. Julio García Celorio, Pastor Evangélico de la Iglesia, creía firmemente que José tenía todo el derecho a «salir adelante» a pesar de lo terrible de su delito. Aquellos años fueron trascendentes en la vida de Rabadán que, tras un difícil proceso de adaptación, comenzó una nueva vida en libertad, formando su propia familia y lejos de Murcia. Esta segunda entrega de «Yo Fui un Asesino» concluye con el regreso de José a su ciudad natal, a su barrio, a donde no regresaba desde su puesta en libertad hace casi diez años. ¿Cómo afronta su vuelta al escenario de uno de los crímenes más notorios de la crónica negra de nuestro país? ¿Qué piensa ahora su familia? ¿Cómo afrontará el reencuentro con su hermanastra Rosa, con quien perdió todo contacto poco después de su internamiento?

«¿Qué te llevó a cometer un crimen tan atroz?»

Javier Urra, doctor en psicología, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid (1996-2001) y uno de los promotores de la Ley del Menor 5/2000, protagoniza una entrevista cara a cara con José Rabadán. En ella, tratará de comprender y esclarecer qué pasó por su cabeza aquella noche: «¿Se puede alguien rehabilitar? ¿Eres un narcisista? ¿un sádico? ¿estás curado de la enfermedad que padecías? ¿qué te llevó a cometer un hecho tan atroz?» son solo algunas de las preguntas de Javier Urra lanza a José Rabadán. El joven le cuenta que, antes de cometer el crimen, abrió «una puerta que no debía haber abierto», es decir, el satanismo. A pesar de lo terrible de los hechos, Urra cree necesario que haya una esperanza, «tenemos que dar una opción y una esperanza, porque si la sociedad no cree que puede rehabilitar a un menor entonces cerrémoslo todo». «Soy consciente de que hay mucha gente que me va a seguir considerando un monstruo, lo hago por esa gente que sí que va a ver que ha habido un cambio en mí. Mi intención es aportar un granito de arena hacia la restauración, parte de la reinserción trata de eso, mostrar que hay esperanza», asegura José Rabadán, un hombre casado, con una hija y que se considera rehabilitado en la sociedad.

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