OPINIÓN

Acepte un consejo: no acuda como público a «Gran Hermano 17»

Lo único divertido de asistir al plató de Telecinco son las pausas publicitarias

Vídeo: Mercedes Milá: «Los números de las audiencias cantan» - Europa Press

Si alguna vez se había planteado la posibilidad de acudir a los estudios de Telecinco para ver «Gran Hermano» será mejor que lo piense dos veces. Este diario ha tenido la oportunidad de presenciar en directo esa mezcla de abucheos y aplausos en la que ha degenerado el formato que en su día se vendió como «experimento sociologico» y el veredicto es claro: mejor vea el programa desde su casa. Al menos en la comodidad de su salón podrá estirar las piernas o ir al servicio cuando le venga en gana. No obstante, si decide vivir la experiencia prepárese para las únicas dos opciones posibles una vez entre en el estudio: morir de frío o de aburrimiento.

Acudir como público a un programa como el que conduce Jorge Javier Vázquez es más un castigo que una oportunidad. Como ese plan que parece perfecto cuando lo hablas con un amigo y que va perdiendo puntos a medida que avanza la noche.

Criticar «Gran Hermano» es un ejercicio sencillo. Aporta culturalmente poco y, en términos de entretenimiento, es ciertamente mejorable. Sin embargo, un programa que ha logrado históricas cifras de audiencia a lo largo de diecisiete años debería ser admirable. Gustos aparte, el espectador que decide invertir su tiempo en presenciar las broncas de unos cuantos chavales de carácter difícil merece ser respetado. Cada uno pierde el tiempo en lo que quiere.

Pero en el plató de «Gran Hermano» el respeto al espectador es escaso. Está claro que controlar a un público ávido de comentar en alto cada frase de Jorge Javier no debe ser fácil, pero lo cierto es que tras las cámaras falta educación y sobran las malas formas. Amenazar constantemente a esa audiencia ilusionada con «mandarla a casa» si habla o hace una fotografía resulta excesivo e innecesario.

Me inspiraron cierta ternura unas señoras que, tras un largo viaje de autobús para ver a Jorge Javier Vázquez, se encontraron de repente con aquel percal. «Solo quería mandar un WhatsApp a las amigas para decir que estaba aquí y no me dejan hacer fotos, qué chasco». «¿Pero ni siquiera en la entrada, con las cámaras de fondo?». — «Si te veo echar la foto te vas a tu casa».

Lo único divertido de acudir como público a «Gran Hermano» son las pausas publicitarias en las que, al menos, puedes quejarte en alto o entablar una corta conversación con algún concursante. El espectáculo televisivo no es tal detrás de las cámaras: demasiados vídeos, un presentador que tira del autocue sin improvisar una coma y escasa interacción con las gradas. Controlar el bostezo es una tarea ardua hasta que llega el esperado momento de volver a casa.

Lo único destacable de aquella experiencia para el olvido es ver la entrada a plató de los exconcursantes. Eso hay que vivirlo. Se muestran triunfadores y en cierto modo lo son. Tienen el favor de esa audiencia que cada año está dispuesta a contemplar su encierro y que, además, no ha dudado en vivir ese infierno en directo. Fama efímera por unos cuantos euros y, quién sabe, si por alguna que otra colaboración en los platós de Telecinco. Sea como sea no pierda el tiempo. Véalo mejor desde su casa.

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