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¿Por qué participa Australia en Eurovisión?

La participación del país oceánico en el certamen europeo resume la esencia integradora del festival, con la música como unificador entre países

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Jessica Mauboy ya sabe lo que es pisar el escenario de Eurovisión; lo hizo en el intermedio de una de las semifinales de 2014
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Si hay un país que se ha hecho un hueco gracias a su esfuerzo y constancia dentro del festival de Eurovisión, ese es Australia. Desde que participaran por primera vez (y como premio a su apego con el festival) en 2015, los australianos han ofrecido solo espectáculo, buenas interpretaciones y, como consecuencia de ello, magníficos resultados en el festival.

La televisión pública australiana, la SBS, es miembro asociado (pero no activo) de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), por lo que con su participación en 2015 se convirtieron en el primer país que participó en el certamen sin ser miembro de dicha organización. Para aquel año, la UER se lo ofreció como algo excepcional coincidiendo con el 60 aniversario del festival y como agradecimiento a todos los eurofans del país oceánico. Con una media de 2,7 millones de telespectadores, se ganaron a pulso la oportunidad de participar, y desde entonces han sabido aprovecharla al máximo. Guy Sebastian consiguió con su debut un magnífico quinto puesto con «Tonight Again», pero lo mejor aún estaba por llegar.

Al año siguiente volvieron a conseguir la preciada participación, aunque esta vez tuvieron que ganársela superando la semifinal. Un mero trámite, ya que Dami Im, una de las grandes favoritas de Eurovisión de la edición de Estocolmo, rozó el primer puesto pero se tuvo que conformar con la plata. En Kiev 2017 Isaiah Firebrace y su «Don't Come Easy» consiguieron un meritorio noveno puesto. A estas alturas ya nadie duda de que el país oceánico es un miembro eurovisivo más que encarna los valores de unión que solo la música podría conseguir.

Elemento integrador

La SBS retransmitió por primera vez el festival en 1983 y desde entonces no ha faltado en su cita anual, consolidando su audiencia edición tras edición. El certamen se ha demostrado como un elemento integrador entre el continente y un país tan lejano como Australia, para potenciar los lazos políticos y culturales. De hecho, a pesar de no poder participar en las votaciones y como mera acción lucrativa, la cadena pública australiana incluso llegó a instaurar un televoto simbólico durante la final de 2010.

En 2014 la televisión pública danesa que ejercía de anfitriona invitó al país oceánico a participar fuera de concurso en el intermedio de la segunda semifinal. Jessica Mauboy fue la encargada de interpretar «Sea of Flags». Como si de un presagio se tratara, ella que sin quererlo abrió una época nueva para Australia en Eurovisión, este año es la representante (ahora sí, con todos los privilegios) australiana, que intentará conseguir con «We got love» uno de los primeros puestos que han ocupado sus predecesores estos pasados tres años.