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Eurovisión desmonta el mito del voto al «país vecino»

El certamen europeo salta de Portugal 2017 hasta Israel 2018; en el top 5 no hay ningún país del Este

Salvador Sobral entregó el sábado el micrófono de cristal a Netta Barzilai, la ganadora de Eurovisión 2018
Salvador Sobral entregó el sábado el micrófono de cristal a Netta Barzilai, la ganadora de Eurovisión 2018 - AFP
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El festival Eurovisión no puede pasar inadvertido de la realidad en la que se celebra, de las relaciones entre países y, también, de las afinidades de la cultura compartida. Si el año pasado Portugal se convirtió en ganador teniendo como único país vecino a España, en esta ocasión ha sido Israel, derribando a su paso todos los prejuicios alrededor del «voto político» o por afinidad que se dio, sobre todo, en los primeros años de los 2000. De hecho, el público presente en el Altice Arena de Lisboa que acogía el festival abucheó a los países que votaron «políticamente», es decir, el voto del jurado profesional de Rusia (que dio sus 12 puntos a Moldavia) y al de Montenegro (que hizo lo propio otorgando sus 12 a Serbia).

El «top 5» de Eurovisión 2018 también desmontó el mito de que los países del Este son los que se llevan la victoria: Israel (Oriente Próximo), Chipre (Mediterráneo), Austria (Centroeuropa), Suecia (Nórdico) e Italia (Mediterráneo).

En Eurovisión, hay cuatro grandes bloques según el origen o destino de los votos de los distintos países: el soviético, que integra a Rusia y los países exsoviéticos; exyugoslavos, con los países que formaron la extinta Yugoslavia; escandinavos, integrada por los países nórdicos; y báltico, con Letonia, Lituania y Estonia. La «vieja Europa», integrada por los países históricos del continente, apenas se ayuda entre sí en comparación con el resto de bloques, lo que podría demostrar su posición natural de desventaja con respecto a los demás.

Cambios con el televoto

Desde el año 2000, la mayoría de las victorias han sido de países «nuevos», cuyo debut en el certamen se remonta, como mucho, a 1994, como Estonia (2001), Letonia (2002), Ucrania (2004 y 2016), Serbia (2007), Rusia (2008) y Azerbaiyán (2011). Frente a ellos, países «tradicionales» que han vuelto a alzarse vencedores (Dinamarca en 2000 y 2013, Noruega en 2009, Alemania en 2010, Suecia en 2012 y 2015 y Austria en 2014).

Este cambio en los resultados tiene que ver con la introducción del televoto a partir de 2001. No fue hasta 2003 cuando las reglas estipularon que las votaciones se repartieran 50-50 entre ambos. En 2009 se modificó para que fuera la suma combinada de ambos, lo que corrigió el llamado «efecto diáspora». O, lo que es lo mismo, que los inmigrantes votaran a su país de orígen. Con estas variaciones, a partir de 2010 los países tradicionales se han vuelto a hacer con la victoria.

La revolución definitiva llegó en 2016, cuando se pasó del modelo «un país, una votación» a la votación en dos bloques: jurado profesional y televoto por separado. Así, primero se otorgan los votos de los jueces y en el último minuto se conoce el resultado del televoto. Con este cambio se dejó el histórico «twelve points» a un lado y los participantes, en vez de recibir desglosada la votación por país (del 1 al 12), suman de golpe el televoto de todos ellos. Así, cuando por primera vez se dividió la votación según si el voto era del jurado o del televoto, Serbia consiguió ser decimoctava gracias casi exclusivamente al apoyo de sus aliados. Los doce puntos del televoto de Macedonia, Croatia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Eslovenia fueron para la participante serbia. En total, el 70% de los votos cosechados.