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«Todo entra mejor con miel»

La Gala de Operación Triunfo terminó a las 2 de la mañana. Consistió en cuatro horas de elogios indiscriminados. Ya lo dijo Aitana: «Todo entra mejor con miel»

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La Gala de Operación Triunfo terminó a las 2 de la mañana. Consistió en cuatro horas de elogios indiscriminados. Ya lo dijo Aitana: «Todo entra mejor con miel».

Aunque esta edición de OT ha reanimado el formato, queda muy lejos de la primera. Digan lo que digan los millennials.

Es más. Habrá que descontar el efecto burbuja. Si repites infinitas veces en la tele que alguien es una estrella, la gente se lo acaba creyendo. El interesado también se lo acaba creyendo.

Así que lo primero que necesitarán los concursantes al salir será un equipo de psicólogos y toda la ayuda posible de las familias.

Es una edición que ha funcionado con sobredosis de elogios. «Es especial», «es un talento único», «hará lo que quiera en la vida», «es el gran descubrimiento de la edición», «ha sido espectacular y fascinante» fueron algunas de las comedidas frases que les dedicaron jueces y profesores.

El jurado repartió mucha vaselina y poca estopa. Mónica Naranjo actuó siempre de Diva Nodriza, de Madre Superiora del Artisteo y Joe, el de las chaquetas, que se suponía iba a hacer de Risto, acabó filosofando de la música como si fuera Haydn.

Hubo un momento definitivo en la gala cuando Rosa de España, que estaba en el Jurado, quiso comentar la actuación de Aitana. Entre palabras poco comprensibles de entusiasmo y admiración, dudó por un instante en precisar un problema técnico de la concursante. A Aitana le cambió el rostro. Era inconcebible. Era intolerable. Casi se vio su cortocircuito ante la frustración. Así que Rosa rectificó y siguió con el incienso. «Estoy flipando, flipando».

El programa ha hecho con los jóvenes un poco lo que los padres hacen ahora con los hijos: eres el mejor, eres único, el mundo está en deuda contigo.

Lo dijo Rosa: «Todos somos únicos».

La Gala fue larguísima. ¿Cuántas veces se pudo frotar las manos Roberto Leal? Las mueve más que un cantaor. Se sienta como Javier Calvo y mira como Ambrossi. Al fin y al cabo todos hemos adoptado algo de Los Javis. Los Epi y Blas del sentimiento. No pueden dejar de sentir. Te los imaginas despeinándose cuidadosamente el uno al otro. Javier Calvo ya lloró en el minuto 10 de la gala.

La final tuvo como prólogo el programa de Cárdenas, que no acababa nunca. La última prueba de paciencia era ver a Luis del Olmo recitando a Campoamor. Después llegó Raphael, más o menos de esas épocas, cantando (cómo no) su Gran Noche. Raphael iba peinado como Natalia Figueroa, y el presentador, con gran originalidad, le llamó «icono».

Las actuaciones no mejoraron la gala de Eurovisión.

Aunque Alfred sacó su trombón. Hay algo ortopédico cuando se lo acercan. Es raro ver a alguien con un trombón en la tele. Ha acabado el concurso pronunciando peor que cuando empezó. “Alma pura”, le dijo la profesora. La duda es si no se habrá metido demasiado en el papel de novio de Amaia, un poco de Junior de Rocio Dúrcal.

En su actuación, los ojos del público se iban sin querer a la bailarina pelirroja a su lado. Igual que cuando lo hizo Aitana los ojos se fueron al equilibrista que se descolgaba por los muslos.

Ana War cantó un tango poco memorable. El «Volver» de Gardel en alguien tan joven era una mala elección. Pero tiene luz y los ojos se quedan en ella. «NO puedo dejar de mirarte», le dijo Mónica Naranjo.

La gran actuación fue de Amaia. Fue lo mejor de la noche, aunque eligiera un tema de Mclan. El estupor de esa elección dejó paso a la emoción en cuanto abrió la boca. Es como una mezcla de Mari Trino, Luz Casal y Rozalén. La última nota al piano fue como una guillotina sobre las cabezas de los demás.

Al terminar, desinflado ya el concurso, le tocó a Miriam, con ese aspecto suyo de concursante random llegada de algún lugar de los años 90. De OT3, quizás.

Pero Miriam se desgañitó como de ella se espera. Es un ejemplo de superación y Manu Guix se ha ganado el sueldo puliéndole el vibrato.

La estrella invitada fue Alborán, que alguien en Twitter definió genialmente como «copla emo». Se le notaba remiso a la hora de aconsejar. También estaba Bisbal, que no pudo actuar por problemas técnicos y acabó cantando a capela. Estaba para ingresar otra vez en la Academia. Ese rato de desconcierto fue rellenado por un speech motivacional de Miriam que debería ser incluido en alguno de los futuros discos.

Al final de la gala habló alguien de Gestmusic. Los chicos van por disco de platino y son lo más vendido en España en todos los formatos. Esto es un éxito, es indudable. ¿Pero para quién?