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«La serie "La peste" recrea la Sevilla real del XVI, no la imagen idealizada que tenemos»

Juan Ignacio Carmona García, catedrático de Historia Moderna, recoge en su libro «La peste en Sevilla» todos los brotes habidos desde 1350

Juan Ignacio Carmona García es autor del libro «La peste en Sevilla», que recopila todos los brotes de la enfermedad documentos en Sevilla desde el año 1350.
Juan Ignacio Carmona García es autor del libro «La peste en Sevilla», que recopila todos los brotes de la enfermedad documentos en Sevilla desde el año 1350. - JUAN FLORES
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Juan Ignacio Carmona García (Sevilla, 1951), catedrático de Historia Moderna de la Hispalense, es quizá la persona que más sepa sobre los distintos brotes de peste en la ciudad desde 1350, recogidos todos ellos en el libro «La peste en Sevilla», editado por el Ayuntamiento de la capital andaluza. Con la peste, el llamado «mal negro» durante siglos, se topó al iniciar su tesis doctoral sobre las enfermedades en Sevilla en los siglos XV, SVI y XVII. Aquellos legajos de más de cuatro siglos del Archivo de la Diputación Provincial, apilados en un palomar encima de la lavandería del Hospital de San Lázaro, le trasladaron a una ciudad con más de un 70% de pobres, una imagen que nada tenía que ver con la Sevilla imperial, opulenta e ideliazada que muchos historiadores nos han trasladado.

P - -La serie televisiva «La peste» es un viaje en el tiempo que nos enseña una ciudad donde no hay unas mínimas condiciones de salubridad. Como historiador ¿cree que refleja bien la Sevilla de la época?

R - -Sí porque ha puesto de manifiesto una ciudad sucia, de precariedad, de hambre, de condiciones de vida verdaderamente lamentables... en otras palabras, una Sevilla real, no la Sevilla idealizada del siglo XVI. Que no crea la gente que lo que está viendo en la serie es una exageración tremendista ni tenebrista. Hay que desmitificar esa Sevilla imperial y esplendorosa del siglo XVI. No hay que olvidar que se trata de un momento en que estalla una epidemia de peste bubónica y esa peste genera pánico, miedo, terror y descontrol en todos los sentidos. Cuando yo inicié mi tesis trabajé con legajos del Archivo de la Diputación Provincial y descubrí que la imagen cosmopolita, imperial, rica y vinculada a América que se daba de la Sevilla de esa época, no era falsa pero sí un aspecto parcial de la ciudad. Se ha idealizado a Sevilla y se sigue idealizando. Por eso tuve mucho interés en ofrecer esa otra cara de la ciudad en mi libro «La otra cara de la Sevilla imperial». Cada vez que me metía en los archivos veía que más de tres cuartas partes de la población era gente humilde y vivía en condiciones de precariedad económica. No me refiero a indigentes, sino a que gente corriente que como hoy, teniendo un trabajo o una pequeña propiedad vivía en unas condiciones deficientes. Esa población se ve impactada en la Historia Moderna por las continuas crisis de subsistencia, por la carestía de alimentos, el ataque de enfermedades, inundaciones...

P - -¿La peste de 1649 fue el hito más negativo de la historia de Sevilla?

R - -Cuando llega esa peste la ciudad ya había entrado en un proceso de cierta crisis y decadencia por motivos económicos, la pérdida de vigor del comercio con América, crisis de subsistencia por falta de alimentos que provocó muchas muertes.... Por tanto, a las inundaciones y al hambre de 1649 se le añadió la peste con un brote muy virulento. Sin duda, la peste de 1649 fue el hito más negativo de toda la historia de Sevilla porque el brote de 1599 fue igualmente muy fuerte pero no supuso ninguna decadencia para la ciudad.

P - -La serie que dirige de Alberto Rodríguez está ambientada en el siglo XVI aunque parece que recrea la peste de 1649, la más devastadora que sufrió la ciudad.

R - -Sí, pero en realidad no hay diferencias notables entre los brotes de peste, salvo por su virulencia. Desde mediados del siglo XIV hasta el siglo XVIII las epidemias de peste se presentan con unas características muy similares en el Occidente europeo. Salvo en la peste atlántica de 1599 a 1601, que penetró por el Norte, normalmente la peste venía de Oriente y llegaba por la zona mediterránea o por Lisboa porque el contagio era a través de los puertos. Hay un microorganismo, la bacteria Yarsinia, que origina la enfermedad de la peste y para que se desarrolle necesita tener unas condiciones atmosféricas y climatológicas determinadas, sobre todo temperaturas no muy altas y mucha humedad. La temporada típica de la peste bubónica empezaba en primavera hasta principios de verano, porque cuando el calor era excesivo la enfermedad dejaba de tener incidencia.

P - -¿Cuántas epidemias vivió Sevilla desde 1350?

R - -La de 1350 fue devastadora y después, cada diez o quince años, llegaron epidemias por oleadas en el siglo XIV. En el siglo XV hubo menor número de epidemias, aunque la documentación no era explícita sobre si se trataba de peste o no. En el siglo XVI se produjo un brote fuerte en 1507 y una gran epidemia en 1599, que duró tres años. En Sevilla en el siglo XVII sólo huvo una epidemia pero fue la más terrorífica.

P - -¿Qué función tuvieron los hospitales de Sevilla en la atención de los brotes de peste?

R - -Los hospitales de la época no tenían una función sanitaria, sino que acogían a niños abandonados, viejos o mujeres sin dote. De hecho, en el acta fundacional del Hospital de la Sangre, de las Cinco Llagas, se prohíbe atender a enfermos contagiosos. Lo que ocurría en es que en las grandes mortandades se abrían junto a esos hospitales unos lazaretos aislados para los enfermos contagiosos. De ahí el famoso cuadro anónimo del lazareto del Hospital de la Sangre, que está en el Pozo Santo. La enterramientos masivos se produjeron junto a los lazaretos que abrieron en los laterales de los hospitales de Triana, la Macarena y San Bernardo.

Juan Ignacio Carmona García es catedrático de Historia Moderna de la Hispalense, donde se ha especializado en estudios sobre la enfermedad y las condicinoes de vida en Sevilla
Juan Ignacio Carmona García es catedrático de Historia Moderna de la Hispalense, donde se ha especializado en estudios sobre la enfermedad y las condicinoes de vida en Sevilla-JUAN FLORES

P - -Se dice que murieron en Sevilla 60.000 personas en la epidemia de 1649, el 45% de la población. ¿Cuál es para usted la cifra más verosímil?

R - -Es imposible saberlo con exactitud porque no hay documentación fidenigna. ¡Pero si no se sabía a ciencia cierta la población de Sevilla! Entonces el Ayuntamiento hacía recuento por familias u hogares y no por habitantes. ¿Y cuántos hijos tenían de media esas familias? La historiografía no se pone de acuerdo en el coeficiente multiplicador, que ha ido variando en el tiempo. Si calculamos una población de unos 120.000 habitantes, se puede decir que murieron algo más de 60.000 pero son cifras inconsistentes. Además, cuando se produjo la epidemia quienes tenían que contabilizar a los muertos se quitaban de en medio o habían fallecido. Los testimonios de la época veían que moría mucha gente y decían miles, como sucedía en las crónicas medievales. Había cronistas de Sevilla que incluso decían que murieron más gente de la que presuntamente vivía en Sevilla. La gente arrojaba los cadáveres a las calles y los carros los recogían. Los enterramientos eran en fosas comunes, en carneros. Por eso es imposible contabilizar los cadáveres. Antonio Domínguez Ortiz calculaba que la mitad de la población pudo perecer por esa epidemia y yo coincido con él.

P - -La peste alteró la vida en la ciudad y los apestados morían solos. ¿Aquello era la política de «sálvese quien pueda»?

R - -Totalmente. La peste hizo que se rompieran los vínculos familiares. Las crónicas de la época dicen que el marido se apartaba de la mujer, el padre del hijo, el hijo del padre... Cuando una persona parecía que tenía la peste se le abandonaba y cuando fallecía no se le hacía ninguna ceremonia sagrada, lo que para la mentalidad de entonces debió ser horrible. Se produjo lo que yo llamo «la muerte anónima» porque cuando la gente moría los cadáveres eran enterrados en fosas comunes en un anonimato total.

P - -Después de la peste de 1649 la ciudad no ha sufrido ningún brote más. ¿Fue porque desde entonces se adoptaron medidas preventivas para evitarlo?

R - -Esa es la otra incógnita de la historiografía. A día de hoy nadie puede decir por qué desaparece la peste, pero no ya en Sevilla, sino en Francia y otros países europeos. La explicación al día de hoy es que los cordones sanitarios fueron cada vez más efectivos pero tampoco se puede decir con seguridad porque esos cordones sanitarios existían desde el siglo XIV pero no tenían eficacia porque se dieron muchos brotes de peste. De hecho, en Marsella se produjo en 1820 un brote de peste parecida a la de Sevilla de 1649, o a la de Londres de 1667 o la de Florencia.

Cuadro anónimo del lazareto instaslado en el Hospital de la Sangre en la peste de 1649
Cuadro anónimo del lazareto instaslado en el Hospital de la Sangre en la peste de 1649-ABC

P - -La peste paralizó la actividad económica de la ciudad ¿Cuánto tiempo tardó Sevilla en recuperarse de esa peste?

R - -Pues yo diría que casi un siglo. Hasta comienzos del siglo XIX Sevilla no comienza a recuperar el volumen demográfico que tenía en 1649. Pero insisto que cuando llega la peste de 1649, Sevilla ya estaba sumida en una crisis por causas económicas, sociales, políticas... lo que que hace que la Sevilla de la segunda mitad del siglo XVII y de todo el siglo XVIII sea una ciudad en decadencia, despoblada, anonadada, muerta entre comillas, con falta de vigor....

P - -¿Hubiera sido Sevilla distinta de no haber sufrido esa epidemia?

R - -Quizá la decadencia no hubiera sido tan acentuada. La peste fue la puntilla a ese cuerpo enfermo que era la Sevilla de mediados del siglo XVII.

P - -¿Cuál es la peste del siglo XXI?

R - -Por el sentido de impotencia frente a la enfermedad, sería el cáncer porque sigue existiendo mucho desconocimiento sobre qué lo causa, como ocurría en la época moderna con la peste.