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Rodaje de «La Peste»: ¿Cómo se transforma la Sevilla actual en la del siglo XVI?

El trabajo de arte del equipo de la serie dirigida por Alberto Rodríguez se ha encontrado con diferentes dificultades a la hora de recrear la ciudad en su época renacentista

El equipo de producción en la fábrica de añil - A. MENCOS
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El rodaje de la serie «La Peste» está llevando al equipo de producción por diferentes rincones de la provincia de Sevilla en busca de los mejores lugares para representar a la Sevilla del siglo XVI. Al principio, Alberto Rodríguez, director de la serie, pensaba que la ambientación «iba a ser algo fácil» porque se conservan muchos edificios de la época. Pero viendo fotografías comprobaron que urbanísticamente la ciudad no tenía mucho que ver con lo que era la Sevilla del XVI, por lo que el «máximo esfuerzo del departamento de arte y de todos ha sido recrear la ciudad del momento», por esta razón el rodaje está siendo «tan largo y tan tedioso porque ha habido que inventarse una ciudad». Durante los meses de preproducción el equipo de arte ha buscado los lugares que mejor respondían a las necesidades del guión y, como Sevilla se reconstruyó casi por completo a partir del siglo XVII, han tenido que recurrir a exteriores robados de otras localidades de la provincia e incluso de Extremadura.

Desde que empezó el rodaje el equipo formado por 64 personas se reparte en tres localizaciones diferentes cada día para ponerlas a punto para conseguir recomponer a la perfección la Sevilla del siglo XVI. El trabajo de escenificación ha sido exhaustivo para evitar que se produjesen anacronismos, aunque el director confiesa, cuando llevan casi cinco capítulo rodados, que ya «se les ha colado uno».

Junto con el profesor Francisco Núñez han trabajado los aspectos históricos, tales como que en esa época casi toda la ciudad era propiedad de la Iglesia y los ciudadanos se la alquilaban por vidas. En casi todas las casas que han recreado hay un azulejo que indica que es propiedad de la Iglesia. El aspecto de las casas también varía mucho respecto a lo acostumbrado en Sevilla. En el siglo XVI había un concepto diferente de intimidad por lo que las ventanas que daban a la calle eran pequeños ventanucos que a penas dejaban pasar la luz. Las casas no estaban encaladas, esta medida es del siglo XVII cuando debido a las grandes epidemias de peste se utiliza esta técnica para desinfectar.

Una ciudad en 4.000 metros cuadrado

Uno de los lugares del que han podido sacar mayor partido es el Convento de la Concepción en Carmona. En él han construido casi toda la ciudad. El director de arte y ganador de un Goya, Pepe Domínguez del Olmo, señala que el espacio permite mantener ese aspecto de «fortificación y ambientes cerrados» de la época. El convento se construyo en la segunda década del siglo XVI por lo que muchas de la edificaciones interiores se adecuaban a lo que estaban buscando aunque existen edificaciones posteriores, ya que el cenobio estuvo en activo hasta la primera década del siglo XXI. Pese a todo se ha podido utilizar buena parte de los escenarios reales sin apenas cambiarlo para la acción de «La Peste». En el primero de los patios han reconstruido un mercado de pescado con sus salazones y secaderos como el que había el el Arenal. Han cuidado los detalles hasta el punto de incluir los esturiones autóctonos del Guadalquivir en algunos de los puestos.

En este punto Domínguez del Olmo quiso señalar hasta que punto era diferente la sociedad de entonces con la actual ya que el caviar era comida para los cerdos. Caminando por los estrechos pasillos que unen un patio con otro se sale a un espacio más pequeño donde está la taberna, y parte de la mancebía. En un espacio mínimo se creó la ilusión óptica de una gran ciudad. Cuenta el director de arte, que una de las escenas comienza con uno de los actores saliendo de la taberna y adentrándose por el callejón contiguo para continuar la acción en el mismo espacio pero en el lado contrario. Cuando se avanza por uno de esos callejones pensando que lleva hacia otro patio se descubre que nunca se salió del patio anterior, si no que gracias al equipo de producción se han creado falsos muros que imitan a la perfección a los reales, esto provoca una mezcla de fascinación y decepción al descubrir unos paneles de madera al final del camino.

Cada espacio del convento se puede convertir en tres o cuatro espacios. El mismo lugar en el que está el mercado de pescado, es donde se escenifican los autos de fe, actos públicos realizados en una plaza o iglesia en la que los condenados por la Inquisición se retractaban y mostraban su arrepentimiento. En el espacio contiguo a donde han situado el hospital está lo que representa los interiores de la mancebía. De este modo el equipo comandado por Pepe Domínguez del Olmo ha metido a la ciudad de Sevilla en los 4.000 metros cuadrados del convento.

La fábrica de añil

Otro de los lugares que ha sufrido una importante transformación ha sido la Hacienda Martín Navarro en Alcalá de Guadaíra. Al principio del proyecto, este espacio iba a acoger el telar de Teresa (uno de los personajes principales), pero al ver las posibilidades que ofrecía el patio se optó por cambiar la localización y crear en esa finca la fábrica de añil del negocio de seda del que era propietario el marido de Teresa. La fábrica representa uno de los pocos lugares de la serie donde se ha querido mostrar la opulencia de las clases altas, de ahí que sea el único exterior en que «no hemos tenido que usar fruta podrida» afirma una de las ayudantes del director de arte. De hecho es el único espacio donde han respetado el albero existente para marcar la diferencia con otros decorados, ya que en esa época este tipo de arena no era tan común como actualmente.

El trabajo de seis meses para un solo día de rodaje
El patio está estructurado a doble altura, quedando en el centro una especie de fosa. En ese espacio en donde se han recreado las tres fases de la producción del tinte añil, hoja, macerado y craquelado. Para crear las seis zonas, se pensó en poner piscinas de plástico, sobe todo por las dos partes que recrean el macerado que es líquido. Finalmente optaron por un plástico utilizado en agricultura que es más resistente y proporciona el sellado que necesitaban.

Para crear el tinte añil han utilizado tinte real que han traído en su mayoría del norte de Marruecos. El engrudo del macerado lo creaban mezclando el tinte añil y celulósica, «hemos dejado el sur de España sin poder pegar un cartel» afirmaba entre risas la ayudante de producción que con las manos tintadas de azul contaba el proceso de recreación. El craquelado es una mezcla de escayola con el tinte añil, que al secarse al sol ha dado justo el efecto deseado. Trataron de usar otros tintes, ya que el añil es uno de los colorantes naturales más caros, pero ninguno de los probados daba el efecto deseado.

Las ocho piscinas de añil
Las ocho piscinas de añil- ABC

En este escenario se ha grabado un solo día para el cual han estado buscando posibles localizaciones durante seis meses y en la que han estado 15 días montando el decorado completo. Al finalizar el rodaje se aspira el líquido de las piscinas inmediatamente y en un día desmontan todo el escenario en el que con tanto detalle se ha trabajado durante medio mes.

El más difícil

El escenario que mayor reto ha supuesto, según Alberto Rodríguez, ha sido el Puerto de Sevilla. «En ese momento era el más importante de occidente, por el que pasaba todo el oro y la plata que llegaba de América. Era como quien en los años 30 del siglo pasado llegaba a Nueva York». Solucionaron el tema del puerto «yendo a grabar al mismo río al que llegaban los barcos», en la zona de Isleta en Coria del Río. Con lo que se ha grabado y los efectos digitales el director espera que se consiga recrear el puerto tal y como era pese a que hay detalles que no quedan claros por las contradicciones de los mismos historiadores.