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«Lo que más me gusta de la Sevilla del XVI es que era completamente cosmopolita»

El director sevillano estrena el viernes serie «La peste», que ha creado junto a al guionista Rafael Cobos

Alberto Rodríguez
Alberto Rodríguez - VANESSA GÓMEZ
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En mayo de 2014, el director Alberto Rodríguez y el guionista Rafael Cobos recogieron el guante que les lanzó Movistar para realizar una serie de ficción. Tres años y medio después el resultado es «La peste», una superproducción que es la gran apuesta de Movistar+ y que presenta una trama policiaca en la fascinante Sevilla del siglo XVI, puerta América y capital comercial del mundo. La primera temporada de la serie, de ritmo trepidante y que presenta una reconstrucción soberbia de la ciudad renacentista, consta de seis episodios de cincuenta minutos que se pueden adquirir a partir de este viernes bajo demanda.

P - ¿Por qué sus historias reinciden en Sevilla?

R - Ha sido todo mucho más azaroso de lo que parece, pero en general porque es la ciudad en la que vivo y creo que buena parte de la materia prima con la que nosotros trabajamos tiene mucho que ver con la realidad.

P - ¿Ser local para ser universal?

R - Lo que hemos descubierto al final es que a veces pasa eso. Con «La Isla Mínima» yo no daba mucho por que fuera a funcionar en el extranjero. Es sumamente local, una película con dos policías en las marismas de Sevilla buscando a un asesino. No parecía una carta ganadora, pero es de las películas que más entradas ha vendido en Francia de todas las que he hecho, que llegó a hacer casi 400.000 espectadores. Un disparate pensando en una película española.

P - ¿El mayor riesgo para tener equilibrada la trama de la serie era dejarse engullir por esa espectacular recreación de Sevilla?

R - En los dos primeros episodios sí, porque de están hechos para establecer las reglas del juego y no son sencillos porque hay que explicar muchas cosas. Hay que hablar de otra época y de una ciudad que ni los propios sevillanos terminamos de concebir, al menos para mí, antes de empezar a rodar. Y luego de la organización de un mundo distinto, con muchos valores que chocan frontalmente con un espectador del siglo XXI y eso había que explicarlo. Por ejemplo, hay que explicar qué significaba llegar a una ciudad como Sevilla, que para el siglo XVI era una ciudad enorme, pero para un espectador del siglo XXI no deja de ser una ciudad de tamaño medio o pequeña. La única manera que se nos ocurrió de contarlo es que fuera una ciudad rodeada por un cinturón de chabolas, igual que Río o Bogotá. Llamamos a un par de historiadores que nos confirmaron que eso podía ser.

P - Una Sevilla a ras de suelo.

R - Esa era la idea y se ve bien cuando el personaje de Mateo entra en la ciudad y vas siguiéndolo por el laberinto de calles y con mucha herencia de los que habían estado antes.

P - Hay una Sevilla de entonces desconocida pero otra parte que pervive, comentaba, y que explica dichos de la ciudad actual como ese «esto es lo mejor del mundo».

R - Eso es una cosa como contradictoria, porque es cierto que en un momento esta ciudad fue la más importante de Occidente, sobre todo, desde el punto de vista económico, pero también me parece que dentro de esa frase tan común en Sevilla hay algo de que a veces hace falta viajar un poco, sobre todo, para impulsar la ciudad a algo mucho más moderno. Lo que más me gusta de la Sevilla del XVI es que era una ciudad completamente cosmopolita y, a veces, creo que nos cerramos mucho sobre nosotros mismos. Lo que nos falta es visión periférica, ser capaz de mirar hacia afuera, porque creo que si tuvimos la capacidad de ser cosmopolitas en un momento determinado, la tenemos ahora.

P - ¿Qué ha sido lo más complicado en la adaptación?

R - No ha habido nada fácil en el proceso, pero una de las cosas de las que sí estoy contento es no haber bajado el listón y haber rodado casi con criterios de una película. No sé si al público le gustará, pero es una serie con calidad y que cuenta una buena historia. Eso tarde o temprano encuentra su público.

P - ¿Piensa ya en su siguiente largo?

R - Solo estoy pensando en vacaciones. Tengo que parar una temporada. Desde 2014 he promocionado una película, he rodado, preparado y promocionado otra y he rodado esto. Me he pasado meses trabajando trece horas al día. Ha sido mucho trabajo y muy seguido. Aparte, nosotros vivimos también de recargar pilas, leer libros, volver a ver películas, series, de salir, ver amigos… de alimentar el alma.