The Crown, el encanto de lo convencional

Si hay que elegir una serie de 2016 me quedo con «The Crown» y esos primeros años del reinado de Isabel II. La casa Windsor bajo el microscopio de la televisión

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Quizá la mejor serie del año sea ‘Shameless’ en su séptima temporada. No hacen falta novedades, aunque algunas sean tan estimulantes como ‘The Night Of’, ‘American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson’ o ‘Braindead’. Pero si hay que elegir una reciente, me quedo con ‘The Crown’ y esos primeros años del reinado de Isabel II. La casa Windsor bajo el microscopio de la televisión. Con toda su convencionalidad. Con ese dinero tan bien empleado para todos los públicos. Con el lujo inteligente. Han conseguido una serie tan ligera (lo contrario de pesada) como didáctica. Pero no olvidemos que es ficción.

Después del éxito americano de ‘Downton Abbey’, un pastiche telenovelero muy bien elaborado, era lógico que Netflix pensara en renovar el interés de los estadounidenses por los dramas británicos de época. ¿Y qué mejor que la reina de Inglaterra? Eso es mucho más que los Crawley. Para ello se llamó a Peter Morgan, autor de ‘Frost/Nixon’ y de ‘The Queen’. También de la obra teatral ‘The Audience’, que, protagonizada igualmente por Helen Mirren, dramatizaba las reuniones semanales de la monarca con sus primeros ministros. Mucho de eso hay en ‘The Crown’. Alguna frase publicitaria la vendió como “Dos casas, dos cortes, una corona”. Buckingham Palace y Downing Street.

Los diez millones de libras por episodio se notan, aunque dudemos de que Buckingham sea así por dentro. Sólo ‘The Get Down’ es más cara en el catálogo de Netflix. Puede parecer que ‘The Crown’ es una serie para mujeres. Y si lo fuera no habría nada que achacarle. Nada se puede reprochar a una serie para mujeres buena (pongamos ‘Velvet’ en el otro extremo).

La protagonista, Claire Foy, es poca cosa (fue Ana Bolena en ‘Wolf Hall’), aunque cumple su papel. Sin embargo, John Lithgow, como Churchill, se ha ganado a la audiencia. Pero Lithgow, y sólo hablo de televisión, ya nos tenía ganados por su Dick Solomon en ‘Cosas de marcianos’ (igual que para muchos, Bryan Cranston siempre será el Hal de ‘Malcolm in the middle’ y mucho menos el Walter White de ‘Breaking bad’). Lithgow tenía un profesor para el inglés británico. Pero también lo tenía el reparto británico. La vocalización de la reina en 1947 no es la actual del príncipe Harry. Hasta los ingleses tuvieron que aprender a hablar inglés.

De los secundarios, no destaca sólo Lithgow, también Jared Harris como Jorge VI, padre de Isabel. Y Eileen Atkins, que interpreta a la reina Mary. La de los barcos. Lo gracioso es que Atkins ya había interpretado a la madre del duque de Windsor y Jorge VI en ‘Bertie and Elizabeth’, una película para la televisión. Eileen Atkins es la persona más importante de la serie en el negociado de lo histórico en televisión. Es la creadora, junto a Jean Marsh, de ‘Arriba y abajo’. Ambas veían ‘La saga de los Forsyte’ (BBC, 1967) y lo que querían era saber quién pelaba las patatas, quién vaciaba los orinales. En ‘Arriba y abajo’ (1971), Atkins iba a interpretar a una de las criadas, pero no pudo por otros compromisos laborales (Marsh sí hizo de Rose). En el remake de 2010 dio vida a una señora. Y en ‘The Crown’ es reina unos pocos episodios.

En ‘Downton Abbey’, Julian Fellowes había partido de ‘Gosford Park’, donde también sale Atkins, para retorcer las tramas a golpes de telenovela. La mala suerte de la nueva ‘Arriba y abajo’ fue que se estrenó a la vez que ‘Downton Abbey’. Y esta, con sus clichés tan bien empaquetados, se la comió con patatas.

Todos los trucos de ‘Downton Abbey’ son los que no se ven en ‘The Crown’. Y eso es lo que se agradece. Casi nada molesta. Quizá los dos primeros capítulos dirigidos por Stephen Daldry (hay que ver cómo mejora la cosa después). Que hayan anunciado seis temporadas con 10 capítulos cada una es una buena noticia. La reina de Inglaterra ya era como de la familia. Ahora lo es más.

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