Amor y Amistad

Whit Stillman: «Cuando era joven pensaba que Jane Austen era mala escritora»

El director estadounidense, fascinado con la literatura de la británica, vuelve a España treinta años después para presentar «Amor y Amistad»

El director estadounidense Whit Stillman en su visita a Madrid
El director estadounidense Whit Stillman en su visita a Madrid - ISABEL B PERMUY

Whit Stillman aleja a Kate Beckinsale de las criaturas de la noche en «Underworld», para mostrar que el ataque pasivo agresivo es igual de letal. Con una sonrisa en la cara, como ella durante toda la película, el cineasta estadounidense trae el lado más cómico y divertido de Jane Austen en su novela «Amor y Amistad», ambientada en 1790, a España, país donde se afianzó como agente de ventas. Y es que en los años 80, Stillman visitó nuestro país para casarse con su pareja, pero, finalmente se asentó para trabajar con directores españoles como Fernando Colomo, Fernando Trueba, Emilio Martínez-Lázaro, o el productor José Sámano.

¿Por qué Lady Susan?

Me fascina Jane Austen. Quería homenajearla y que mejor forma que llevarla a la gran pantalla. Quería sacar su lado más cómico a través de sus personajes y frases más divertidas porque «Amor y amistad» es lo más divertido que ha escrito.

¿Por qué tiene esa conexión con Jane Austen?

Tenía 18 años, en segundo de universidad, cuando empecé a leer Jane Austen, concretamente «La abadía de Northanger». Pensé que era realmente mala. No entendía porque la gente la tenía en tanta estima. La razón era que no entendía la parodia que había en esta novela gótica, pero cinco años después, mi hermana me volvió a dar otro libro de ella. Además, estaba acompañada por una pieza de teatro en esa edición, y a mí me fascinaba este género. Gracias a esto y a que vi que Lady Susan podría haber sido un personaje que Oscar Wilde –del que sean llevado muchos textos al cine– pensé que si los textos de Oscar Wilde encajaban muy bien en el cine, ¿por qué no los de Austen?

Pero la película es más «suave» que el libro…

Es cierto, pero es que el guión ha sufrido muchos durante los últimos diez años. No es que haya trabajado tanto tiempo en esto, es que he estado haciendo también otras cosas. Está bien porque puedes ver lo que no funciona y echarlo sin angustias. En el festival de Cannes de 2013 tenía un guión para mostrarlo y se lo enseñé a un distribuidor inglés que lo detestó. «Esas mujeres nefasta son terribles...», me dijo, y como dos años más tarde ha comprado la película para distribuirla en su país.

También aborda la diferencia de clases

Es curiosa su situación. El hecho de que es una «Lady» significa que su padre era aristócrata y que se casó con alguien de posición respetable, pero ella lo arruinó. Gastó todo su dinero y, cuando él murió, ella se quedó sin nada. Tuvo que sobrevivir mendigando un poco de todos, sobretodo del hermano menor era tan rico que compró un castillo.

¿Cómo ha sido trabajar con actores como Kate Beckinsale o Stephen Fry?

El único apunte que le hice a los actores era que su expresión tenía que ser alegre, dijeran lo que dijeran; incluso si tenían que decir que alguien había muerto. Es lo que hace que la película sea ácida. Y eso que en una de las lecturas que tuvimos antes del rodaje la cosa no fue bien. Fue muy difícil, teníamos bastantes problemas pero teníamos que solucionarlos. No eran pequeños detalles, eran más grandes que eso. Pero se fue solucionando casi por sorpresa. No me gusta hacer ensayos. Hacemos las cosas a la primera, sino, por mi experiencia, se pierde frescura. Y si las cosas salen bien, aunque no estén planeadas, se dejan.

Perdió su carácter epistolar

Es muy difícil porque una novela epistolar pone bastante lejos entre sí a los personajes. Londres… Churchill… Pero en una película necesitan estar juntos para poder hablar como nosotros. Por lo que tuve que tramar diferentes encuentros y también inventé algún personaje como la señorita Cross, la amiga sin dinero de Lady Susan que la acompaña a Churchill para deshacer las maletas. Y también me permití la licencia de evolucionar algún personaje.

Usted también ha trabajado para el mundo de las distribuidoras, ¿cómo fue el cambio?

Hice eso porque quería entrar en el mundo del cine y no sabía cómo hacerlo en Estados Unidos. Tuve la suerte de conocer a Fernando Colomo y a Fernando Trueba en España y pronto comencé a vender sus películas a la televisión estadounidense en español. El cine español no estaba muy explotado en el exterior. De hecho hasta participé en algunas de sus películas en la producción y también tuve algún pequeño papel como el bobo americano. En «La línea del cielo» tenía que recoger un paquete de pesetas en el aeropuerto y cambiarlo a dólares para pagar las facturas de un laboratorio. Por aquella época había mucho debate sobre cuánto dinero podías pasar por la frontera.

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