30 aniversario muerte Cary Grant

La turbia historia de la única mujer que conquistó a Cary Grant, el galán de Hollywood

Ni las cinco mujeres con las que se casó ni los rumores sobre sus escarceos con hombres pudieron ocultar al que fue su verdadero amor: la madre que le habían arrebatado

«Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant. He pasado la mayor parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach y Cary Grant; sin estar seguro de ninguno, desconfiando de ambos. Fingí ser alguien que deseaba ser, hasta que finalmente me convertí en esa persona. O él se convirtió en mí», reconocía el actor, tal y como replica Marc Eliot en «Cary Grant: La biografía».

Apuesto galán con medio Hollywood a su favor, Cary Grant era una persona diferente fuera de la gran pantalla. Curtido por una infancia difícil marcada por la ausencia materna y los delirios de un padre alcohólico, en cuanto pudo dejó atrás el nombre de Archie, y se labró su propia historia, un papel protagonista más en su extensa filmografía. Pero ese pasado del que intentaba huir le perseguiría el resto de su vida en cada paso, en cada cara, en cada palabra.

El pequeño Archie siempre creyó que su madre, Elsie, había muerto un día mientras él estaba en el colegio. Así se lo hizo saber su familia, y todos actuaron durante años en consecuencia, ocultando una cruel realidad que habría de ser revelada bastante tiempo más tarde.

Durante un reencuentro con su padre, Elias, el joven Grant trata de recomponerse tras la primera impresión, esa que, como la marea que siempre arroja a tierra los deshechos, le devolvía, después de años sin verse, a un padre cuyo rostro estaba devastado por el sol y el whisky. Apenas tres cervezas le bastaron a Elias para descolocar a uno de los mejores actores que ha dado la meca de Hollywood: «Bueno, hijo, ¿te gustaría ver a tu madre?». Y, sin pudor ni tapujos, desembuchó la verdadera historia de la madre del actor, sin siquiera percatarse de las consecuencias que tendría en su hijo.

Una farsa

Las primeras palabras de Elias noquearon a Grant, que asistía en primera persona al desplome del mundo que siempre había creído conocer. Su madre no estaba muerta, sino recluida contra su voluntad en Fishponds, una institución para deficientes mentales de un condado a las afueras de Bristol. El pequeño Archie se vio privado de la presencia materna porque porque su madre había sufrido una grave «crisis nerviosa», según el propio Elias, que no vio la necesidad de contarle a su hijo lo sucedido, pues creía que la permanencia de su mujer en la institución mental Fishponds donde estaba recluida duraría de por vida.

Un alicaído Grant salió del pub en el que se había encontrado con su progenitor, arrastrando los pies, devastado. Ni siquiera Virginia Cherrill, su mujer por aquel entonces, pudo consolarlo.

La vida del actor dio un vuelco, como su corazón. Su padre, al que siempre había adorado, se convirtió en el villano de la película de su vida, en alguien que injustamente le había arrebatado a su madre. En cambio, su madre pasó de desaparecida a trágica heroína, abandonada, marginada, alejada de todos. Grant, que durante años había creído profusamente que su madre lo había abandonado, viró su odio hacia la figura paterna.

Después de una noche agitada, Grant aclaró sus ideas. Instó a Elías para que dispusiese lo necesario para citarlo con su madre, compensándole así la relación arrebatada.

Quince tortuosos minutos de trayecto en taxi hasta Fishponds. La verja del manicomio emergía al fondo del camino y, dentro, su madre esperaba. El actor no pudo contener la emoción. Ella, de cincuenta y seis años, y él, de treinta, se reunieron por fin. La vida le devolvía a Grant lo más valioso.

Enseguida se percató de los cambios. La piel, el pelo... las huellas de haber vivido bajo el yugo de la demencia dejaron su rastro en Elsie. Ella, alegre, acariciaba a un conmocionado Grant, que lloraba como un crío, como ese pequeño Archie que ella seguía viendo en él. Pero su mente estaba en una especie de Limbo, presente pero lejos, perdida. Ni siquiera sabía cuánto tiempo había transcurrido, ni que su hijo había dejado ya hace tiempo, tras su ausencia, de ser el pequeño Archie para convertirse en una de las grandes estrellas de cine de la historia.

Cary Grant jamás divulgó la artimaña de su padre ni su posterior reencuentro con Elsie. Tan solo Cherrill conoció el secreto y, más tarde, sus memorias.

Y entre la desesperación y el odio, siempre el amor. Boda de por medio —la quinta del actor, que siempre deambuló entre los brazos de mujeres que se lo disputaban y, según el crítico de moda Richard Blackwell, también de hombres como el actor Randolph Scott, con quien vivió durante 12 años—. Y, por fin, Elsie Leach fue declarada «oficialmente sana» diecinueve años después de su confinamiento.

La turbia historia de la única mujer que verdaderamente conquistó al galán más solicitado de Hollywood. Un guión de película que Grant no seleccionó como tantos otros. Uno que trastocó para siempre la vida del actor, sumiéndolo en un alcoholismo que superó a base de sesiones psicodélicas y transformándolo en un firme defensor y divulgador de los beneficios del LSD en la meca del cine.

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