El terror quirúrgico del cineasta griego que sacrificó «un ciervo sagrado»

Yorgos Lanthimos, popular por «Canino» y «Langosta», regresa con otro título tan inquietante como aterrador, «El sacrificio de un ciervo sagrado», una revisión del mito del héroe Agamenon

Colin Farrell y Yorgos Lanthimos durante el rodaje de «El sacrificio de un ciervo sagrado»
Colin Farrell y Yorgos Lanthimos durante el rodaje de «El sacrificio de un ciervo sagrado»
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La mejor motivación para olvidarse de la pasta una temporada surge en «El sacrificio de un ciervo sagrado» simplemente por la asociación de un plato de espaguetis con el horror quirúrgico del cineasta griego Yorgos Lanthimos. La escena en concreto ocurre entre Anna, interpretada por Nicole Kidman, y Martin, el adolescente responsable de la parálisis de sus hijos, concebida como venganza a la muerte de su padre en la sala de operaciones a manos del marido de Kidman, Steven, al que da vida Colin Farrell.

Steve puede detener la tortura provocada por Martin eligiendo la muerte de un miembro de su familia. Una clara referencia al mito del héroe griego Agamenon que en una cacería mató a un animal sagrado de la Diosa Artemisa y ésta se venga forzando a Agamenon a elegir entre perder la guerra o sacrificar a su propia hija. «Es una comedia», se defiende, pese a todo, Yorgos Lanthimos. Para otros, «El sacrificio de un ciervo sagrado» es un filme de terror familiar. «Es una metáfora: Nicole, Colin y yo nos divertimos mucho rodando la película. Nadie se la tomó tan en serio como para no entender el carácter oscuro y el tono de humor de la historia».

La misma Nicole Kidman quedó hipnotizada por la seducción del realizador. «El guión me pareció una obra de arte. Lanthimos tiene la cualidad de hechizar desde la pantalla con su corrosivo humor, con su clínica visión del terror, pero estoy de acuerdo con él en que este filme es una comedia», confiesa la actriz.

El terror que es humor

Reírse utilizando el miedo se está convirtiendo en el género tendencia de este año, aunque cada director lo enfoque desde distintas perspectivas. Si para Jordan Peele, responsable de la magnífica «Déjame salir», se trata de un escape ante la violencia racial, en «El sacrificio de un ciervo sagrado» el humor sádico se concibe desde la satisfacción que provoca ver el dolor en otro.

El aspecto sádico de «El sacrificio de un ciervo sagrado» pone distancia con las dos cintas más populares del cineasta, «Langosta» y «Canino», aunque mantiene el estilismo estético que le ha convertido en el autor favorito de festivales como Cannes. «No me gusta analizar mis películas, intento trabajar físicamente con mis actores haciendo ejercicios, jugando, improvisando... Me gusta enfrentar la historia desde cierto nivel de inconsciencia», reconoce el griego.

La combinación física y el tono distendido provoca el efecto disonante que busca Lanthimos. «Intento no decir a los actores cómo deben interpretar. Ellos me preguntan y yo ofrezco mis ideas, sin embargo, son ellos quienes dan forma a sus personajes. Es una relación libre, un entendimiento entre nosotros», revela el cineasta.

En sus manos, la cámara se convierte en un espejo de la acumulación de tensión por el carácter aterrador de la situación y, como una parte viva de la historia, va moviéndose cada vez con más lentitud. «Mis decisiones visuales van en función de la narración. Este filme necesitaba que la cámara se operara como un personaje pasivo dentro del relato siguiendo a los personajes, observando de una manera incomoda desde el exterior». La brillante interpretación del joven actor Barry Keoghan como el sociópata Martin profetiza un futuro tan seguro como el de los inolvidables espaguetis.

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