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Nicolas Winding Refn: «El narcisismo es positivo porque es la plena aceptación de uno mismo»

El director danés estrena «The neon demon», su perversa nueva criatura sobre el despiadado mundo de la moda

Nicolas Winding Refn posa en una sala del Hotel Palace
Nicolas Winding Refn posa en una sala del Hotel Palace - ABC

El cineasta Nicolas Winding Refn estrena este viernes «The neon demon», una perversa cinta ambientada en el despiadado mundo de la moda. «El chico que hizo 'Drive» se dejó caer fugazmente por Madrid para hablar de su nueva criatura, coincidiendo casualmente con las agitadas fechas pre-investidura de Mariano Rajoy y con todas las manifestaciones que lo rodearon. ¿Le inspira el alboroto político? «No me parece lo suficientemente glamuroso. Creo que las películas políticas son más interesantes cuando no son políticas», respondió guasón el coqueto director danés.

Para usted el narcisismo es una virtud.

Es positivo porque es la plena aceptación de uno mismo.

Hace años grabó un anuncio con Blake Lively para Gucci. ¿Qué le fascinó de este mundo? ¿Este demonio de neón es su venganza?

El mundo de la moda me parece un telón de fondo maravilloso, porque resuena muy bien con todo lo que rodea nuestras vidas. La película trata de una chica de 16 años, y la moda a esa edad, el narcisismo, la importancia de lo que es uno mismo, la belleza,... es algo bastante caótico. Me pareció que este mundo tenía ese trasfondo casi oculto, de obsesión, algo muy intensificado como de cuento de hadas. Pero al mismo tiempo todos tenemos puesta la mirada en el mundo de la moda porque es bello. Es un entorno muy teatral.

¿Es Elle Fanning la actriz más versátil de su generación?

Creo que sí. No hay nadie como ella, es como la Ryan Gosling femenina. Es como venida de Marte.

¿Qué vio de especiales en el resto de actrices?

Cada una de las tres representa una parte del triángulo. Bella Heathcote parece artificialmente creada, hace el papel de intentar hacer crear la belleza. Abbey Lee, que es supermodelo en la vida real, interpreta a Blancanieves, con el tema de la edad, el temor a sentirse fantasma... Y Jena Malone es el punto agudo del triángulo, referido a la pureza interior, la virginidad, etc. La idea de la película es que el mundo de la belleza y la obsesión dominan mucho nuestra cultura, y la longevidad se va menguando.

En sus películas, en «Drive» o en esta última, Los Ángeles parece una ciudad demoniaca.

Los Ángeles es como el Infierno de Dante, lo tiene todo. Como ciudad es única, no hay nada así, es como una paisaje de ciencia ficción. Se construyó sobre un desierto, sobre la muerte, y es la última frontera antes del océano. Es Hollywood. Todo el entretenimiento va a Hollywood y Hollywood lo retransmite. Hay toda esa mitología que es como el Mago de Oz. Si hubiera un Mago de Oz sería Hollywood. Hollywood, como tal, es realmente una calle muy aburrida, es como pasear por la zona turística de Madrid. Hollywood es un estado mental.

Hablando de demonios, o de ángeles. ¿Cómo conoció a Jodorowski?

Hace cinco años, antes de «Drive». Íbamos a comisariar un festival de cine en París y lo llevamos los dos. Y nos hicimos amigos, le utilizo mucho en mis trabajos. Cuando hice «The neon demon» tenía una lectura de tarot cada semana. Anoche estuve cenando con él en París porque quería hablar con el de mi siguiente proyecto. El personaje de Jena Malone está basado en parte en él y en parte en Aleister Crowley. Cuando hice esta película las lecturas de tarot fueron cada fin de semana. Soy muy supersticioso.

Los temas espirituales le interesan.

Las lecturas de tarot ayudan mucho. E intento dormir bastante...

¿Por qué son tan útiles?

Es el único secreto que no puedo revelar.

La carga de violencia en sus películas es evidente. ¿Cuál es su relación con la violencia en la vida real?

Me asusta, por suspuesto. No sé nada de la violencia, no conozco la violencia. Soy una persona completamente no-violenta.

¿Qué le parece la reacción del público, a los que les seduce la violencia y a los que les aterra?

Así es cuando sabes que has hecho algo bien. La esencia de la creatividad es suscitar, que te violente. Te tiene que llegar, penetrar. Y tener esas reacciones tan extremas que evoca crea un sentido de energía que fluye entre ti y la experiencia, y esa es la manera en la que te penetra. Y cuando más extremo es más difícil resistirlo. La diversidad o la polarización, llámalo como quiera, es la esencia de la creatividad, es cuando más vitalidad tiene algo. También es mucho más difícil hacerlo. Ser simpático y amable está bien, pero igual en mi mundo no es lo más interesante. Es casi como decir todo lo contrario, que no ha gustado.

¿Ya no es «el chico que hizo «Drive»?

Siempre pensaba que lo había dejado atrás. «Drive» fue mi primera película que fue a Cannes y tuvo una amplia distribución, también odiada y amada por el establishment crítico, y abrió una generación nueva de público comparado con mis películas anteriores. Cuando algo así se produce es muy fácil sentirse más seguro y querer repetirlo, porque es una sensación muy bonita el sentirse amado. Pero es muy peligroso a nivel creativo. Cuando Lou Reed pasó de «Transformer» a «Metal Machine» fue una transición para borrar el pasado y poder seguir hacia el futuro. Hay una tristeza en eso, es como Caín y Abel. Hay que destrozar lo que tanto papel te ha dado. Porque si no lo haces, el peligro es que vas a querer seguir haciendo lo mismo, porque vas a querer agarrarte siempre a esa satisfacción. Todo, al final, es cuestión de ego. Hay que saber superar eso, ir más allá. A veces hay que hacer cosas para destrozar completamente el pasado.

¿Ve sus películas después de hacerlas?

No. Una vez que he hecho la película en el laboratorio nunca la vuelvo a ver. En Cannes cuando asisto a mis proyecciones me siento con los ojos cerrados y me tapo los oídos con las manos.

¿Rechazó hacer una de James Bond? ¿Es la libertad lo más importante para usted?

Eso de James Bond es un rumor de internet. Y sí, la libertad creativa pesa más que el dinero. No quiere decir que no quiera hacer una película de 100 millones de dólares, pero nunca ha llegado la película que merezca la pena. Me gusta mucho la publicidad, que es muy parecido a hacer una película de 100 millones de dólares.

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