Rossy de Palma

«Las mujeres tenemos que dejar de usar al hombre como espejo destructivo»

Rossy de Palma es una de las protagonistas de «Toc Toc», una comedia de Vicente Villanueva en la que los personajes afrontan a golpe de carcajada sus trastornos obsesivos compulsivos

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Cuando se mete en un papel, Rossy de Palma desaparece tras las cámaras. Aunque para la actriz «la comedia es algo innato», a la orden de «¡acción!» solo quedan su belleza picassiana y su altura, nada más. Oscila entre las aristas de su nuevo yo, siempre entre el drama y la comedia, porque la vida «es tragicómica», y ningún personaje se le resiste. Tampoco Ana María, una supersticiosa con la manía de presignarse y comprobar todo «al menos 38 veces» que se apodera del cuerpo de la «chica Almodóvar» en «Toc Toc». «Me gusta que algo espontáneo se materialice a través de mí, no gracias a mí. El trabajo arduo es desaparecer, no estar presente, y crear ese vacío para que el personaje lo habite».

«Poseída» por esa señora con trastorno obsesivo compulsivo a las órdenes de Vicente Villanueva, Rossy de Palma muda su peinado, su forma de vestir y hasta la de mover las manos, respetando la propia idiosincrasia de su personaje. «No soy de juzgarlos, solo le hice hueco para que se manifestase su espíritu. Pero no tiene nada que ver conmigo, ni en el look, ni en la religiosidad ni en nada. Sientes esa parte compasiva hacia el personaje porque te metes en la realidad de las personas que sienten su resistencia invadida por un trastorno. Hay sufrimiento ahí», cuenta en una entrevista a ABC.

Era casi una niña cuando hace tres décadas debutó en el cine de la mano del director manchego y, ahora, con más de cincuenta títulos en su filmografía, es toda una experta en la relación con las cámaras: «Cuanto menos caso le hagas, más te aprecia. Si estás pendiente de ella, si la quieres enamorar, ella te cala y queda falso», explica.

Un trastorno que invade la existencia

Aunque es «muy cerebral y racional», la actriz ha aprendido a «empatizar» con las diferentes formas de ser gracias a sus personajes. No se le escapa la realidad que cuenta la película «Toc Toc», que lejos de burlarse a través de las personas que sufren este tipo de trastornos obsesivos pretende hacer conciencia sobre cómo se sienten. «Es un foco de atención para que la gente se dé cuenta también de que las personas que sufren estos trastornos no lo hacen por caprichos frivolones o se lo inventan, sino que son cosas que te condicionan mucho la vida y te convierten en poco víctima porque invaden tu existencia», reflexiona.

Adaptación de la obra de teatro del mismo título, «Toc Toc» es una película coral que desarrolla casi todo su metraje en una sala de consultas. Lejos de ser estática al cambiar de formato, la comedia de Villanueva es ágil y fluye de forma natural, sin pretensiones mayores que la de no aburrir. El resto lo hacen los variopintos personajes interpretados por Paco León, Alexandra Jiménez, Óscar Martínez, Adrián Lastra, Nuria Herrero y la propia Rossy de Palma. «Al principio tuve muchas dudas y reticencias porque entendía que al adaptarla podía no entretener o caer en la caricatura al tener a todos los personajes metidos en el mismo sitio», comenta la actriz.

Adiós al hombre «como espejo destructivo»

Con una prolífica carrera internacional a sus espaldas, la actriz estrenará próximamente la película «Madame», escrita y dirigida por Amanda Sthers para ella. Gracias al papel de criada, creado para su propio lucimiento, como matiza orgullosa, compartió el rodaje con Harvey Keitel y Toni Collete: «¡Imagínate!», grita, extasiada a pesar de ser afronteriza poque solo cree «en las fronteras gastronómicas». Utiliza el «talentosísimo» trabajo de la realizadora para cargar contra las actrices o directoras que exigen mejores papeles femeninos. «Las mujeres tenemos que dejar de utilizar al hombre como espejo comparativo o destructivo; tenemos un trabajo de introspección, de conocernos a nosotras, ya basta de mirar al hombre. Para mí, la mujer me parece el material más inspirador del mundo. Necesitamos coger nuestra singularidad y contar lo que queremos contar», dice, contundente.

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