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Así maleducó Disney a tus hijos

Un provocador poema acusa a la compañía animada de influir en la infancia de las niñas, a las que solo les daba la opción de «elegir entre sumisa o bruja»

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«Me enseñaste el placer de la necrofilia, sí, sí, el romaticismo de besar a un cadáver. Me enseñaste, también, ¿recuerdas? a abusar de una chica que se queda dormida, no importa si está cansada o drogada, si está maldita o pinchada por una rueca».

No se lo esperaba, pero el poema que Marta Fornes presentó a un concurso (y que ganó) tenía todos los componentes para vovlerse viral. Pretendidamente provocador, recoge el guante del momento que está viviendo actualmente la sociedad e ironiza sobre Disney, cargando contra la compañía del ratón a la que acusa de influir de forma perjudicial en la infancia de las niñas, y en consecuencia de los niños, de todo el mundo.

A través de un análisis poco habitual de las películas Disney con las que tantas generaciones han crecido, la maestra valenciana desgrana el machismo implícito en los relatos de las cintas de animación, que solían retratar a los hombres como héroes mientras relegaba a las mujeres a «brujas» o «sumisas».

Con una irónica declaración de intenciones, «Qué gran maestro fuiste Walt Disney», el vídeo del poema se ha vuelto viral en redes sociales, acumulando en la cuenta de Spanish Revolution más de dos millones de visualizaciones.

Aquí está el poema al completo:

«Tú me enseñaste a odiar,

a ver a las otras chicas como enemigas.

Me enseñaste a rivalizar incluso con mis hermanas.

Tú me enseñaste qué hacer para contentar a un hombre

porque el amor, así con mayúsculas,

es a lo máximo a lo que aspiro.

Tú me enseñaste que las mujeres debemos elegir

entre sumisa o bruja.

Me enseñaste el placer

de la necrofilia, sí, sí,

el romaticismo de besar a un cadáver.

Me enseñaste, también, ¿recuerdas? a abusar de una chica

que se queda dormida, no importa si está cansada o drogada, si está

maldita o pinchada por una rueca.

Qué gran maestro fuiste, Walt Disney.

En cambio a ellos,

Ay, ¡cómo los pusiste a ellos!

Les enseñaste a ser valientes,

a abatir dragones, a trepar montañas,

a vencer temores y a empuñar espadas.

Les enseñaste a ser el rey león de la manada,

a ser hombres

fuertes como Tarzán,

listos, musculados, con medallas.

¡Como Hércules, que llega y gana!

Pero a nosotras

nos diste el amor

como única opción.

Ni siquiera teníamos amigos humanos como ellos.

Solo hablábamos con tacitas y animalitos.

Así que niña, espera sentada.

¡Qué coño! Mejor espera tumbada

o dormida o muerta.

Qué importa, porque él siempre llega.

Tú estáte a la espera de que

te lleve en su alfombra a un mundo ideal.

Nos convertiste en madrastras

que explotan a esclavas,

en brujas que envenan

para ser la más guapa.

Oh, niña, abandona a tu familia

por unas nuevas piernas.

Qué más da si te quedas sin voz:

"Admirada tú serás si callada siempre

estás, sujeta bien tu lengua y triunfarás, Ariel"

Ay, niña, date cuenta de que no eres suficiente contigo misma.

Necesitas un hombre

que te diga lo que vales,

un príncipe azul que te salve,

un John Smith que te diga:

“si no lo conocieras…“

tu vida sería una mierda.

Ay, pequeña, y si por alguna de aquellas

quieres triunfar, córtate el pelo como Mulán.

Nos enseñaste a fabricar pociones

para mantenernos jóvenes

en el país de Nunca Jamás

convertidas de mayores

en cremas antiedad.

Por suerte, Walt, tu historia está terminando

porque había una vez

niñas que escaparon de sus torres,

brujas que rompieron cadenas,

princesas que dejaron de hacerse la cera

y unas a otras nos quitamos la venda.

Y empezamos a liberar el pájaro de la jaula, a aullar, a salir de

noche

sin miedo a pasar de las doce,

a volar sin escobas y a liderar dragones.

Así que nosotras, las gordas, las flacas,

las que no se depilan,

las solteronas, las de las tetas caídas, las que no saben cocinar,

las que calzan bambas y no zapatos de cristal,

nosotras, las del rímmel corrido, las que no se peinan,

las que tienen novia, las que no quieren hijos,

las promiscuas, las malfolladas, las viejas arrugadas,

todas, nosotras, aquí, tenemos un lugar

donde viviremos felices y comeremos lo que nos salga de los ovarios,

querido Walt».