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La lucha de guionistas y directores para cobrar derechos de autor por la redifusión de sus obras

Nuestro país es vanguardia: la Ley de Propiedad Intelectual asegura a los creadores un porcentaje de los beneficios de explotación. Ahora, sus compañeros de otros mercados reclaman una legislación internacional

Encuentro celebrado en la Fundación SGAE. De izquierda a derecha: Silvio Caiozzi, Marcelo Piñeyro, Inés París, Miguel Hermoso e Yves Nilly
Encuentro celebrado en la Fundación SGAE. De izquierda a derecha: Silvio Caiozzi, Marcelo Piñeyro, Inés París, Miguel Hermoso e Yves Nilly - Luis Camacho

La crisis en el sector audiovisual es un monstruo que no deja de perseguir a guionistas y directores. Según datos facilitados por la SGAE, en 2014 tan solo un 12% de los guionistas españoles eran capaces de ganarse la vida con su trabajo. Una situación que ya era grave incluso en pleno crecimiento económico: solo un 17% en 2004 vivían de sus historias. Con este telón de fondo, los autores españoles, junto a compañeros de otros países, han lanzado una propuesta internacional para lo que llaman «acompañar la suerte de su obra». Esto es, poder cobrar los derechos de autor de su creación cuando es vendida o distribuida en otros mercados.

La asociación «Writers & Directors Worldwide» ha presentado en Madrid una petición con la que esperan lograr una «correcta remuneración por el uso de su obra». La elección de España para el encuentro no es casual. Nuestro país es vanguardia. El artículo 90 de la Ley de Propiedad Intelectual –«cuando la obra audiovisual sea proyectada en lugares públicos mediante el pago de un precio de entrada, los autores [...] tendrán derecho a percibir de quienes exhiban dicha obra un porcentaje de los ingresos»– es ejemplo para otras sociedades que quieren proteger a sus creadores audiovisuales.

«Sería una remuneración pagada por el éxito. No es justo que si se produce el milagro de que una película triunfe ganen todos menos el creador de esa idea»

«Por mi primera película me pagaron 15.000 euros y luego vendieron los derechos de un remake a EE.UU. sin que a mi me dieran nada más», cuenta la cineasta Inés París en la sala Berlanga, donde se ha celebrado el encuentro organizado por la Fundación SGAE. «Después de esa primera experiencia, no me ha vuelto a pasar», apostilla. Y es que tanto ella como Miguel Hermoso, vicepresidente de SGAE; Yves Nilly, presidente de Writers & Directors; y los directores Marcelo Piñeyro (Kamchatka) y Silvio Caiozzi han hecho hincapié en la necesidad de crear un marco regulatorio internacional que proteja a los creadores en un mercado que genera millones de euros cada año.

Ni los productores ni el público tendrían que pagar por este «derecho de remuneración equitativa». «Sería una remuneración pagada por el éxito. No es justo que si se produce el milagro de que una película triunfe ganen todos menos el creador de esa idea que puso en marcha el proyecto», explicó el director chileno Silvio Caiozzi. De la misma manera, si la película no tiene «éxito», el autor tampoco recibiría «beneficios», recalcó Inés París. «Se trataría de retornar una parte de los beneficios». Desde la SGAE apuntan a que serían los propios canales de televisión, las distribuidoras y exhibidores que redifusionan la obra los que soportarían la nueva carga. Además, el pago estaría gestionado a través de las organizaciones de autores.

Proteger la industria cultural del país

La idea de la asociación «Writers & Directors Worldwide» es crear un marco que proteja la cultura propia de cada país. En una industria como la audiovisual, en el que el pez grande puede comerse al pequeño de un bocado, estas medidas protectoras reforzarían la cultura patria de «especies invasoras». «En los países que no tienen una normativa de protección, la industria desaparece. Dejan de hacer una cultura propia para ser consumidores de lo que viene de fuera».

Lugares como China, que no quiere ser un mercado más de Hollywood, ya ha comenzado a elaborar leyes que cuidan a sus creadores. Al igual que hizo Chile en los 90, según explica Silvio Caiozzi, donde se pasó de una o dos producciones nacionales al año a las 30 que hay en este momento.

En esta petición internacional por crear un marco legislativo falta un agente clave: Estados Unidos. Y no está presente, según palabras de Miguel Hermoso, porque allí existen unos sindicatos del audiovisual muy potentes. Capaces de reclamar sus derechos ante los poderosos ejecutivos. Un recuerdo de su potencial es la huelga de guionistas de 2007, en la que lograron paralizar la «fábrica de sueños que es Hollywood» durante casi un año. Y es que para soñar hay que tener el estómago lleno.

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