Jean Rochefort: Un actor con suerte, bigote y musas

Hay solo dos «sombras» en su currículo: «El Quijote» de Gilliam y su postrera obsesión antitaurina

Jean Rochefort, en 1986, durante el rodaje de «Le Moustachu», de Dominique Chaussois
Jean Rochefort, en 1986, durante el rodaje de «Le Moustachu», de Dominique Chaussois - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La extensa y variada filmografía de Jean Rochefort, casi toda, lógicamente, dentro del cine francés, está señalada por dos cualidades contrapuestas, su capacidad para transmitir distinción y aspereza: su apariencia quijotesca podía ser al tiempo apta para la severidad y para la delicadeza, y se situaba con igual acierto en un tono de comedia que en otro de fuerza y tensión.

En España, donde hizo tres películas (con Jaime Camino «El largo invierno», con Tricicle «Palace» y con Trueba «El artista y la modelo», además de la película francesa de Buñuel «El fantasma de la libertad»), siempre fue un actor muy admirado, incluso podría decirse que un actor muy envidiado, y precisamente por su gran ojo al situarse en el plano, siempre cerca de eso tan esencial en el cine que es el objeto del deseo, al lado de Laura Antonelli en «¡Dios mío, cómo he caído tan bajo!», la comedia erótica de Luigi Comencini; en la misma peluquería que Anna Galiena en la comedia romántica «El marido de la peluquera», de Patrice Leconte, o frente al cuerpo corito de Aída Folch en «El artista y la modelo». Un actor con suerte, con bigote y con musas.

Con Patrice Leconte hizo varias películas, y fue quizá el director que le buscó con más acierto el equilibrio entre sus dos naturalezas, la seriedad y la comicidad, que quedan perfectamente tatuadas en su personaje en «El hombre del tren», junto al duro y reseco Johnny Hallyday.

Aunque su lado más áspero se lo pulió Bertrand Tavernier, como personaje policial de George Simenon en «El relojero de Saint Paul», o en la inmediata «Que la fête commence». Ha fallecido uno de los grandes del cine francés y con solo dos «sombras» en su currículo, «El Quijote» que no hizo con el chalado Gilliam y su postrera obsesión antitaurina.

comentarios