Es noticia:
«El instante más oscuro»

«El instante más oscuro»: Explicar por qué la guerra es un mal menor

Es una película políticamente incorrecta porque la verdad lo es muy a menudo: el primer enemigo al que derrotó fue a los pacifistas de su propio partido

Churchill, en una escena de «El instante más oscuro»
Churchill, en una escena de «El instante más oscuro»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Raramente puede decirse que el título de una película –traducido al castellano– puede aportar mucho. En este caso sí. «El instante más oscuro» –«Darkest Hour» en versión original– es un nombre que evoca otra película memorable: «La noche más oscura» cuyo nombre original no tenía nada que ver: «Zero Dark Thirty». Pero ambas son películas que presentan enfrentamientos bélicos contra fanáticos. La de Kathryn Bigelow recoge la lucha de Obama por capturar a Osama bin Laden. La de Joe Wright, el enfrentamiento de Winston Churchill contra Adolf Hitler. Y ambas van mucho más allá. La que se estrenó en 2012 reflejaba una verdad incómoda y negada por muchos: que el Nobel de la Paz Obama había capturado a Bin Laden gracias a la información extraída mediante torturas a los prisioneros de Guantánamo. El Gary Oldman que encarna magistralmente a Churchill en la película que se estrena hoy en España se recrea en algo no tan desconocido, pero de lo que a los británicos no les gusta hablar: cómo el primer enemigo al que tuvo que derrotar Churchill fue a los pacifistas de su propio Partido Conservador.

El nieto del séptimo duque de Marlborough fue llamado al 10 de Downing Street con reticencias por parte del Rey Jorge VI y de todo su partido. Y la única razón por la que obtuvo el encargo, como bien se explica en la película, fue porque ante la guerra con Alemania, el Reino Unido sólo podía tener un primer ministro conservador que contara con el apoyo de los laboristas para encabezar una gran coalición. Y ese fue Churchill.

El primer enemigo al que tuvo que derrotar Churchill fue a los pacifistas de su propio Partido Conservador

Lo más políticamente incorrecto de la película –la verdad lo es tan a menudo...– es que se recuenta con detalle y con gracia sus aficiones nefandas: el tabaco y el alcohol. Creo no equivocarme diciendo que no hay una sola escena en la película en la que no aparezca con un habano en la mano. Y se le ve bebiendo desde primera hora de la mañana. En una escena, su interlocutor le pregunta cómo puede hacer eso y el socarrón primer ministro le contesta: «¡Entrenando mucho!».

Joe Wright ha logrado reconstruir el primer mes de Churchill en el cargo, cuando Chamberlain y Halifax todavía estaban empeñados en que no se fuera a la guerra con Alemania. Y aunque se presenta un Churchill en algún momento dudoso de ese objetivo –algo que no se compadece con los datos históricos de los que disponemos– esta película consigue resumir en poco más de dos horas cómo Churchill fue capaz de dar la vuelta al escenario político de su tiempo y recurrir a la guerra. La única manera de frenar a Hitler y Mussolini –al que algunos de sus contemporáneos presentaban como posible mediador con Hitler–: el instante más oscuro.

La película cuenta con una magnífica fotografía de Bruno Delbonnel, que saca todo el partido posible a los excepcionales escenarios de la vida política británica. Y gracias a ellos y el trabajo de Delbonnel, la escena final de un Churchill victorioso que abandona la Cámara de los Comunes aclamado por los diputados de todos los partidos –aunque sin el apoyo de algunos de los suyos– es de una belleza conmovedora. A la altura de lo que representó Winston Leonard Spencer Churchill.