El hombre que susurraba a las orcas

Maribel Verdú y Joaquín Furriel protagonizan «El faro de las orcas», de Gerardo Olivares

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«El faro de las orcas» tiene algo de «El hombre que susurraba a los caballos». Si en la película de Roberd Redford el don de su personaje permite curar a Pilgrim, el caballo de una jovencísima Scarlett Johansson que se vuelve indomable tras un accidente, en la de Gerardo Olivares es precisamente la naturaleza salvaje, pura, la que sirve como terapia para sus protagonistas. La soledad indómita de la Patagonia permite a Maribel Verdú y a Joaquín Rapalini encontrar un equilibrio interno que en España se les resistía. Todo gracias al espéctaculo de un hombre solitario que, equipado con una armónica, le susurra a las orcas.

Después de trabajar con Francis Ford Coppola, Guillermo del Toro o Pablo Berger, y con más de 50 películas en su filmografía, poco le queda por hacer a Maribel Verdú, que ya solo busca papeles que le supongan un desafío. «Me gusta demostrar la versatilidad y que un papel no tenga nada que ver con el otro», cuenta a ABC. Como Lola, la madre coraje a la que interpreta en la película «El faro de las orcas», una mujer obstinada que atraviesa 14.000 kilómetros para ayudar a su hijo autista.

«Lola es una mujer maravillosa, dura pero también muy vulnerable y sensible. Me gusta cómo maneja a su hijo, con esa naturalidad desbordante, porque cuando llevas nueve años viviendo con un niño autista ya has llorado todo lo que tenías que llorar, te has desesperado y has perdido la paciencia», explica.

«Cuando llevas nueve años viviendo con un niño autista ya has llorado todo lo que tenías que llorar, te has desesperado y has perdido la paciencia»Maribel Verdú

El personaje de Verdú deja atrás la vida cosmopolita de Madrid por una solitaria en la Patagonia, una travesía en la que sacrifica todo por un atisbo de esperanza. Allí, la naturaleza y el guardafaunas Beto (Joaquín Furriel) ayudarán a Lola y a su hijo autista a encontrar el sosiego que se les escurría. «Ella da un paso gigante, arriesgándose, saliendo de su zona de confort, de su rutina, y ahí la vida le sorprende, y les da a ambos serenidad», asegura el director Gerardo Olivares, que usa su experiencia como documentalista para dotar calidez y preciosismo a este relato. Uno tan crudo como el de esta historia basada en el libro «Agustín Corazón Abierto».

El documental lo provocas; la ficción es una droga

«El documental lo provocas, esperas a que las cosas pasen. En la ficción todo sucede en tu imaginación, y eso es muy chulo, es una droga. Tener la posibilidad de crear un personaje, darle vida, integrarlo dentro de una historia, en un entorno como puede ser la Patagonia... no tiene precio», reconoce Olivares, orgulloso de que esta historia vea la luz gracias también al Beto real, en el que se inspira para la cinta. «Me parece un ser fascinante. Es una de esas personas anónimas que están en el mundo haciendo una labor brutal y de las que nadie ha oído hablar. Eso fue lo que me atrajo», explica. Pero también se le llena la boca hablando de la actriz, cuyo papel escribió para ella. «Cuando uno escribe y dirige hay personajes que sin saber muy bien por qué, al abordarlos, te viene una cara y a mí siempre me venía la de Maribel Verdú».

«Es importante mantener la esencia para que el cine siga sano y crezca, siendo el contrapunto a Hollywood»Gerardo Olivares

Una Maribel Verdú que, confiesa, se llevó un pedacito de su amigo, el difunto director Ricardo Franco, a Argentina. «Gerardo me preguntó qué nombre me gustaba, y dije Lola por una anécdota personal con Ricardo, que era uno de mis mejores amigos en la vida», recuerda la actriz, que el año que viene estrenará «Abracadabra», de nuevo con Pablo Berger tras «Blancanieves».

Olivares defiende esta coproducción, rodada a caballo entre España y Argentina y con orcas reales, en 3D y en «animatronic» —creada esta por los ganadores del Oscar por «El laberinto del fauno»—, porque refuerzan los vínculos y son «importantes para que el cine siga sano y crezca, siendo el contrapunto a Hollywood».

Tan violento como los vientos de la Patagonia son la fuerza del amor y el sacrificio. La de una naturaleza retratada con virtuosismo y sensibilidad y la de esos animales salvajes que cazan en un espectáculo fascinante. «El triángulo de este señor que le susurra a las orcas, esta madre desesperada y este niño que encuentra en las orcas un estímulo me pareció una buena historia para llevar a la gran pantalla», concluye Olivares.

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