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«El hilo invisible»: la última puntada en la carrera de Daniel Day-Lewis

El ganador de tres Oscar a mejor actor se retira tras su último trabajo con Paul Thomas Anderson

Daniel Day-Lewis viste a Vicky Krieps en «El hilo invisible»
Daniel Day-Lewis viste a Vicky Krieps en «El hilo invisible»
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Paul Thomas Anderson es de esos personajes atípicos dentro Hollywood, un cineasta con aspiraciones de artista total y sueños de trascendencia. Basta con comprobar el nombre del protagonista de su nueva película, Reynolds Woodcock, para descubrir su sello:un apellido que, al traducirse, habla de una sexualidad de madera, un títere en manos de las mujeres y, lo más curioso, un nombre que lo es también de la casa donde transcurre la acción de «El hilo invisible».

Paul Thomas Anderson no deja puntada al azar: aprendió de costura para la película e investigó cada detalle hasta enamorarse de la figura de Cristóbal Balenciaga, quien se convirtió en la fuente de inspiración sobre la que luego Daniel Day-Lewis construiría su personaje: «El nombre de Cristóbal Balenciaga es el primero que me viene a la mente, un genio de origen vasco, pero desde que me puse a investigar descubrí un manojo de diseñadores de los que nunca había oído hablar y que creaban ropa maravillosa. A todos ellos les preocupaba más su mundo que cualquier otra cosa y sacrificaban sus vidas por su trabajo», recuerda sobre los todos los modistos que investigó.

El amor enfermizo y el masoquismo se condensan dentro de la cinta de un realizador que nos tiene acostumbrados a estas relaciones dependientes entre sus personajes. «La idea de la película surgió un día que estuve muy enfermo en la cama y mi esposa (la actriz cómica Maya Rudolph) me demostró un amor y afecto que no había visto en mucho tiempo. Al día siguiente llamé a Daniel Day-Lewis y le dije: “Creo que tengo una buena idea para una película, convertir el amor en un sueño febril”. Luego vimos una foto de Balenciaga, libros de moda por toda la casa y una cosa llevó a la otra».

Un sucesión de acontecimientos que terminó con Daniel Day-Lewis fuera de juego, anunciando su retirada del cine. No fue hasta hace unas semanas, en una presentación después de un pase de la película, que tuvimos oportunidad de confirmar uno de los motivos por los que el actor ponía punto final a su carrera:un rodaje de locos.

La casa de los líos

«El rodaje fue una pesadilla porque nos tocó vivir en la casa donde rodábamos, unos encima de otros y trabajando sin espacio. Las habitaciones de esa casa pertenecían al personaje, eran parte de su vida, y sin embargo nosotros las convertimos en armarios para nuestras cosas. La casa se convirtió en un nido de termitas. Fuimos estúpidos al no darnos cuenta de cuánto nos afectó aquello. Fue terrible. Pudimos acabar el rodaje porque estábamos en el norte de Inglaterra, en un lugar bellísimo, y luego fuimos a los Cotsworlds, que también es precioso. En Londres esperábamos encontrar una forma de trabajar contenida, sin interrupciones. Meternos en el mundo que habíamos creado y quedarnos allí sin salir, pero eso no fue lo que ocurrió», lamentó un actor obsesivo hasta el borde de la locura. Y es que todos esos «desastres» afectaron al carácter del protagonista, según reconoce el director. «Lo que dice Daniel es cierto, porque en cada habitación había un cable y los cables, con su energía, robaban la respiración del personaje», explica Anderson, otro maniático de los detalles.

Pese a las dificultades, ambos disfrutaron de su compañía. «Paul necesitaba un actor inglés y mayor para el papel y me contrató», bromeó el intérprete, al que rápidamente dio la contra el director en un tono más serio: «Daniel y yo hemos querido volver a trabajar juntos desde que rodamos “Pozos de ambición”. Le conté un poco sobre la historia, este triángulo de personajes interesantes, y estuvimos de acuerdo en que íbamos a investigar juntos. Ha sido una colaboración real. Obviamente, todo el mundo quiere trabajar con Daniel y yo he tenido la oportunidad de tenerle en dos películas y, sinceramente, espero volver a repetir la experiencia», deseó el director confiando en que la retirada del actor no sea más que un órdago de farol.

Más allá de la moda, «El hilo invisible» es una oda a las películas de suspense de los años 40, a la «Rebecca» de Hitchcock, con quien el protagonista también mantiene cierta relación en el apellido. «Todos tratamos de entender las relaciones que vivimos, en este caso lo hicimos dentro del mundo de la moda, pero al final el trabajo se convierte en algo inmaterial», reconoció un actor cuyo adiós puede significar la despedida del más grande de los últimos años.