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Gérard Depardieu se mete en la piel de Stalin después de que Putin le diera la nacionalidad rusa

El actor se une a la directora Fanny Ardant para el estreno mundial de «El diván de Stalin» en Lisboa

Gérard Depardieu y Vladimir Putin, en enero de 2013
Gérard Depardieu y Vladimir Putin, en enero de 2013 - AFP
FRANCISCO CHACÓN Corresponsal En Lisboa - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Lleva tres años Gérard Depardieu con la nacionalidad rusa a cuestas, en vista de que Vladimir Putin se la concedió por el procedimiento de urgencia para satisfacer el deseo del actor francés de sortear la dura fiscalidad francesa. Y ahora salta a la pantalla encarnando al mismísimo Stalin, uno de los dictadores más férreos de la Historia de la humanidad.

El protagonista de «Cyrano de Bergerac» o «Astérix»se puso en manos de Fanny Ardant, otra vez detrás de la cámara, para poner en pie la adaptación de la novela «El diván de Stalin», de Daniel Baltassat. Un retrato del déspota crepuscular, el de la década de los 50, cuando ya no se fiaba de nadie a su lado y la decadencia llamaba a su puerta.

De hecho, la cinta gira en torno al error que comete Lídia, su amante, quien le presenta al pintor Danilov con la intención de que plasme a Stalin en una escultura monumental que lo proyecte hacia la eternidad. Pero las investigaciones de los lacayos del régimen descubren agujeros negros en su pasado y ella queda en entredicho al sentirse atraída por él.

El juego de engaños y terror se une a los ecos de Freud para inundar una película que vivió su estreno mundial en el Lisbon & Estoril Film Festival, con la presencia de ambas estrellas en el Cine Monumental de la capital portuguesa.

Aprobación del público

Entre los prolongados aplausos, Depardieu hizo sonreír al público con su sentido del humor: su voluminoso cuerpo no cabía en las sillas colocadas en la tarima para escenificar una conversación informal con el director de la cita, el legendario productor Paulo Branco, de modo que la organización se afanó en buscar otra de mayores dimensiones.

Fanny Ardant le miraba con simpatía mientras exhibía su felicidad por desvelar su largometraje en Lisboa, rodeada de «gente auténtica» y «lejos de la legión de los críticos». Reconoció que llevaba tiempo buscando un «papel enorme» para Depardieu, así que no dudó en contar con él cuando leyó el libro en el que terminó basándose.

«Stalin era un monstruo, pero al mismo tiempo una figura muy interesante», señaló la también actriz, quien confió a Emmanuelle Seigner el papel de la mujer que se entrega al dictador en su alcoba.

La coproducción lusofrancesa, encabezada por el propio Paulo Branco, se rodó íntegramente en Portugal. Los parajes y una mansión de la Sierra de Buçaco, entre Coimbra y Aveiro, envuelven con su aureola misteriosa este filme de corte histórico, donde los jardines y la escalinata de Fonte Fria presagian un final terrible.

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