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Cincuenta sombras liberadas

Cincuenta sombras de Grey, machismo y violencia disfrazados de erotismo

«Rodea el maltrato, la humillación y la dependencia de un halo romántico que nada tiene que ver con el buen sexo ni con la libertad sexual», critica Diana López sobre la adaptación de la saga erótica de E.L. James

Fotograma de Cincuenta sombras liberadas
Fotograma de Cincuenta sombras liberadas - Cincuenta sombras liberadas
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Como todo éxito reconvertido en fenómeno de masas, tanto las novelas como las películas de «Cincuenta sombras de Grey» van a menudo acompañadas de la polémica. Más cuando el morbo y el sexo se han convertido en el principal reclamo para seducir al público, mayoritariamente femenino. Ahora, con el estreno de Cincuenta sombras liberadas, vuelve a estar en el ojo del huracán. Pero más allá de su recaudación en taquilla y en el sector editorial, muchos han señalado el contenido de la obra de E.L. James como una «cínica» metáfora de algo más oscuro que las sombras de Grey.

-«Quiero que te comportes de una forma concreta y, si no lo haces, te castigaré».

-«Quiero que te lo quedes, y se acabó la discusión. Es muy sencillo. No tienes que pensar en nada de eso. Como sumisa mía, tendrías que agradecérmelo, limítate a aceptar lo que te compré porque me complace que lo hagas».

El rol que abraza el protagonista no finaliza tras la relación sexual, como aconsejan los sexólogos que debe ser, continúa. Su necesidad de poseer y controlar a Anastasia se justifica por una infancia difícil, origen de todos los trastornos de Christian Grey. Una dependencia malsana que ha servido para dar fuelle a las críticas de los expertos que analizan este fenómeno con afán sociológico. Aunque también tiene sus adeptos. No solo los espectadores que han acudido en masa a ver la película, convirtiéndola en éxito de taquilla, sino también quienes hacen apología de este título definiéndolo como una oda a la liberación sexual femenina.

Diana López Varela, periodista y feminista, como ella misma se define, asegura sin embargo que «es profundamente machista y el bondage o la búsqueda de placer a través del dolor no está relacionado en absoluto con esa dependencia emocional que tiene la protagonista hacia el señor Grey». La también guionista defiende las prácticas sexuales de dominación sobre las que se recrea la película solo cuando ambas partes las consienten. Para la periodista gallega, la personalidad de la protagonista da a entender todo lo contrario. Si bien complace los caprichos de Grey, parece más una cesión por su inseguridad que por satisfacción personal. «Solamente es una víctima y como tal actúa», asegura. «Y no olvidemos que se justifica el comportamiento de él porque el pobre arrastra traumas infantiles», ironiza.

«Rodea el maltrato, la humillación y la dependencia de un halo romántico que nada tiene que ver con el buen sexo ni con la libertad sexual», incide la periodista, que achaca su éxito entre el público femenino por «la fantasía de la dominación y humillación» entre las mujeres. Fantasías que, opina, quizás no se atrevan a confesar, de ahí que intenten colmarlas con la película o los libros, de manera, por otra parte, equivocada.

Coincide con Varela el estudio de 2014 «Fiction or Not? Fifty Shades is Associated with Health Risks in Adolescent and Young Adult Females», publicado en la revista científica «Journal of Women’s Health», donde se afirma que este título «normaliza» la sumisión de las mujeres y «disfraza» con erotismo las conductas de acoso e intimidación a las que el protagonista somete a su pareja.