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«El instante más oscuro»

El día en el que Churchill casi firma la paz con Hitler

Desde su elección como primer ministro hasta la ida a la guerra: «El instante más oscuro» recrea el mes más tenso del líder británico

Gary Oldman se pone en la piel de Churchill - / Vea en el vídeo el trailer oficial de Churchill
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Durante las cuatro semanas que transcurrieron entre el nombramiento de Winston Churchill como primer ministro (el 10 de mayo de 1940) y la evacuación en Dunkerque, la Historia dio un vuelco. Uno que hubiese cambiado el rumbo de la Segunda Guerra Mundial por completo ya que Gran Bretaña estuvo a punto de negociar un tratado de paz nada más y nada menos que con Hitler –y con Mussolini como mediador–. «El instante más oscuro», que llega a las salas de cine el viernes 12, muestra la cara más humana de Wiston Churchill.

Neville Chamberlain había perdido el apoyo de la oposición y de la población. Por lo que se vió obligado a ser sustituido por otro conservador: Wiston Churchill. Pese al cambio, Chamberlain demostró en repetidas ocasiones su preocupación: no volver a ver a Gran Bretaña en paz. La solución parecía sencilla: llegar a un acuerdo con los nazis (sí, los mismos que estaban haciendo todo lo posible para hacerse con Europa), pero Churchill se negaba a pactar con los alemanes. Sus colegas de partido no eran capaces de ver la treta que había detrás de las supuestas buenas intenciones de Hitler, pero Churchill sí. Esta postura le puso en contra a su propio partido, pero ¿qué le hizo mantener esta decisión?

Que «El instante más oscuro» respete (en gran parte) la historia, no implica que todo lo que aparece en el filme de Joe Wright sea real. La película reafirma la relevancia del valor político de la vida o la muerte, del todo o nada. Y una muestra de ello es una secuencia que dejará boquiabierto a gran parte de los espectadores, pero que, por desgracia, tu instinto te dirá que no es real.

Churchill, obstaculizado por un Parlamento que le da la espalda por su negativa a firmar un acuerdo con Hitler, decide visitar a las personas que realmente importan, es decir, a los trabajadores de Inglaterra. Pero, ¿dónde los encontrará? Él confiesa no haber montado nunca en el metro (total tiene un chófer propio). Sin embargo, esa vez decide entrar en el subterráneo para ir hasta Palacio. «¿Qué tengo que hacer para llegar a Westminster?», pregunta. «Es solo una parada, señor», le contesta asombrada una chica que miraba el mapa del tren. Como es de esperar, el vagón se queda atónito al ver al líder británico entrar. Le observan boquiabiertos, sin saber muy bien qué hacer o qué decir.

Es él quien decide hablar con ellos. Por una vez, no será Churchill el que dé el discurso, será el que lo escuche. Les pregunta si Gran Bretaña debería pactar con la tiranía. La respuesta es rotunda: «Nunca». La escena culmina con Churchill ofreciendo palabras de Macaulay que se completan, en una cita impecable, por un vibrante londinense negro. Todo es tan alegre, multicultural e inspirador que te hace sentir que estás viendo un película dirigida por David Lean («Lawrence de Arabia»). Pero, durante esos días difíciles, ¿habrían apoyado una elección rápida y habrían votado en un gobierno que estuviese dispuesto a hacer las paces con los alemanes? Es imposible saberlo, pero George Orwell creyó que era posible ya que aseguró que los trabajadores no se sentían representados por la elite de Westminster, más bien se sentían subordinados. El periodista preguntó a un influyente editor de periódicos si pensaba que el público aceptaría negociaciones con el Eje. «Las campanas del infierno... podría disfrazarlo para que pensaran que fue la mayor victoria en la historia del mundo», respondió el editor. Por suerte, Churchill se salió con la suya.

El director Joe Wright y el guionista Anthony McCarten tenían como objetivo para este biopic bajar del pedestal a Churchill; es decir, mostrar al hombre detrás del líder, lleno de dudas y defectos que se lo todo jugó a una carta, la que, por suerte, resultó ser la ganadora. Para ello, encargaron la labor de ponerle cara a Gary Oldman, quien el pasado domingo consiguió el Globo de Oro al mejor actor protagonista de un drama.