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«El último acto» (****): El oficio de ser o no ser

«Estamos ante una obra que no disimula su amor por el teatro, que bebe sin disimulo de las mejores fuentes, de Shakespeare a 'Eva al desnudo'»

Una vieja gloria de la actuación, en el último acto de su vida, se rebela contra el mundo y contra quienes lo cuidan. No es nada nuevo. «Intocable», el gran éxito francés, no tenía un planteamiento muy distinto. Brian Cox, perfecto en la piel gastada del personaje, explica esa contradicción vital en plena exhibición: «Así es la vida. Grandes hazañas si tienes suerte... y errores que hacen que se te caiga la cara de vergüenza».

Estamos ante una obra que no disimula su amor por el teatro, un homenaje húngaro con bandera británica que bebe sin disimulo de las mejores fuentes, de Shakespeare a «Eva al desnudo». Janos Edelényi se entrega a este juego de espejos en el que las grandes interpretaciones están garantizadas. Los diálogos son ingeniosos y, por momentos, sublimes. ¿Pretencioso? Por supuesto. Quizá no tenga mérito lo que hace Cox con Sir Michael Gifford, que podría ser él mismo. Sorprende más la actuación de la joven Coco König, que este mismo año, en una muestra de versatilidad, también ha rodado «Assassin’s Creed». La chica es un prodigio que logra ablandar a su involuntario mentor, con quien suspende el tiempo en mitad de alguna actuación conjunta, en instantes de una verdad absoluta. Generosa con sus personajes, la historia acaba en todo lo alto, mientras nos cuenta el maravilloso oficio de actuar y vivir, de ser o no ser.

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