La tortuga roja (****): Magnífico regalo

Perfectamente ensamblada de cuerpo y alma al estilo de los Estudios Ghilbi, fundado por Miyazaki y Takahata

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Perfectamente ensamblada de cuerpo y alma al estilo de los Estudios Ghilbi, fundado por Miyazaki y Takahata y que son al mundo de la animación una cima de creatividad y poesía, esta película del holandés Michael Dudok de Wit es un torrente de sugerencias que sorprenderá, por supuesto a cualquier adulto de compañía amodorrada en tarde infantil, pero más a cualquier niño, lo que es más difícil.

La historia, el dibujo, su textura y color, no pueden ser más sencillos: es la de un náufrago en una isla desierta y su relación con la soledad, la supervivencia y el escaso «mundo» que le rodea, en especial una tortuga roja que es el motor del cambio de la fábula, que ya no será de supervivencia sino de la mera y compleja idea de lo que es la vida, el sueño, el paso del tiempo, la convivencia y el traspaso generacional.

Abrumadoramente hermosa y pura en su texto y contexto, a pesar de no apoyarse en diálogos, pues es muda, lo cual sublima su capacidad de sugerir, de invitar a la imaginación y a la interpretación con toda la potencia de su poética y su parábola. Un regalo tan magnífico que se podrá apreciar más aún en los ojos de cualquier niño mientras lo desenvuelve.

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