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Crítica de Sin amor (Loveless): Pesimismo cruel

«La trama avanza sobre la nieve con pies de plomo, como si temiera resbalar y caerse»

Escena de la impactante Sin amor (Loveless)
Escena de la impactante Sin amor (Loveless)
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Entre las candidatas al Oscar en lengua no inglesa destaca esta película rusa, más de arte que de ensayo, dada la contrastada calidad de su autor. Cuenta el doble drama de una pareja: su guerra intestina y su frente común, encontrar al hijo desaparecido tras una de sus insoportables riñas. «Sin amor» es una obra muy de festival -en Cannes ganó el premio del jurado-, de las que recomiendan los críticos. Son cualidades nada desdeñables, pero no garantizan el éxito entre los espectadores «normales», sobre todo cuando la trama avanza sobre la nieve con pies de plomo, como si temiera resbalar y caerse.

El lado bueno de la balanza, que pesa mucho más, es la espectacular caligrafía de su director y coguionista, Andrey Zvyagintsev, conocido por títulos tan destacados como «Leviatán» y «El regreso». Su talla es incuestionable, aunque la forma de contar la crueldad ciega de los padres y el dolor sordo del adolescente puede ser una tortura precisamente por su veracidad, quizá reiterativa. La angustia de la búsqueda es otro ejercicio impecable y que a la vez cala los huesos. El clima pesa demasiado, como el telón de fondo de una Rusia inhóspita. Todo ello se regleja en la historia de principio a fin, hasta llegar a la insatisfactoria resolución de su intriga. Ni siquiera en ese momento decisivo alivia Zvyagintsev el peso del espectador. Un final menos abierto, más decididamente trágico, habría supuesto al menos una liberación, que no concede ni como válvula de escape. Hasta ese punto llega su pesimismo.