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Crítica de Niñato: Padre y rapero

Adrián Orr ha tenido una nutrida trayectoria de festivales y premios con este largometraje que prolonga un corto que hizo hace unos años con los mismos protagonistas

David Ransanz, protagonista al que «persigue» Orr
David Ransanz, protagonista al que «persigue» Orr - ABC
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Adrián Orr ha tenido una nutrida trayectoria de festivales y premios con este largometraje que, según explica, prolonga un corto que hizo hace unos años con los mismos protagonistas. Estamos pues ante un documental de seguimiento, un formato que parece que inventó Linklater con «Boyhood» pero que tiene ilustres precedentes en el cine de no ficción. Es, de hecho, una idea fuerte para el proyecto documental: volver al «lugar de los hechos» para ver como el tiempo y la vida han cambiado dichos hechos cuando la cámara no estaba delante.

«Niñato» maneja esa fecunda idea a un nivel modesto, pero ya saben que no hay tema pequeño. El protagonista es amigo directo del director y lo que vemos es su vida cotidiana, que tiene algo de lucha. Preside una familia monoparental criando a tres hijos que le dejan poco tiempo para su antigua vocación de convertirse en rapero; se entiende que no lo tiene fácil y hasta su hijo rapea con más gracia que él. Orr mira de cerca, muy de cerca, la intimidad de la familia, como si temiera que se le fuera a escapar la esencia de esta pequeña crónica familiar. Habrá que esperar a la siguiente entrega de la saga…