Crítica Musa: Victoria del estilo sobre el tópico

La película huele un tanto a adaptación literaria, no por exceso de letra o de citas, sino por los atajos necesarios de la trama

Fotograma de la película «Musa»
Fotograma de la película «Musa»
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No son tantos los maestros relojeros. Los viejos oficios tienden a perderse, pero en el cine de Jaume Balagueró -que además es casi joven- se presiente un conocimiento nada desdeñable. Una escena cualquiera, en sus manos, se torna interesante. Su cine huele a cine y no a telefilme, dentro de un género en el que se han hecho demasiados. «Musa», para empezar, tiene hechuras de obra alicatada hasta el techo, con una música y una fotografía que envuelven, dentro de una dirección artística notable. Su reparto internacional, con toques españoles y hasta rumanos, casi vampíricos, funciona como una orquesta.

Hechas las presentaciones formales, la película huele un tanto a adaptación literaria, no por exceso de letra o de citas, sino por los atajos necesarios de la trama, como si en la cuneta del guión se hubieran quedado algunos esfuerzos del protagonista. Hay también un leve bache narrativo hacia el ecuador del filme y, como última pega menor, casi personal, ciertos resortes o convenciones requieren un acto de fe para dejarse atrapar por ellos.

El poder de un círculo blanco o la sombra de una bruja causan un terror menos tangible que un asesino en serie. Balagueró lo resuelve con su habitual estilo, en un título que puede verse como la continuación de «Mientras duermes», «Frágiles», Darkness»..., como la construcción de una filmografía con sello propio.

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