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Madre solo hay una (**): Robados pero contentos

La película, basada en un hecho real que conmovió a Brasil, no ofrece demasiadas sorpresas desde el punto de vista formal, pero destaca por su mirada comprensiva hacia casi todos sus personajes

Madre solo hay una (**): Robados pero contentos

Sobre niños «robados» se han rodado numerosas películas y más de una serie. Son casi una moda, pero pocos se han parado a reflexionar en el drama que supone para uno de estos chavales ser «secuestrado» por segunda vez, renunciar a la familia que conoce para recalar en otra casa, llena de extraños con su sangre.

El protagonista de «Madre solo hay una» es un adolescente en plena búsqueda de su identidad que sufre el trauma de descubrir por la Policía que su madre no es lo que parece. La separación de su hermana, que acaba en otra familia «de verdad», se suma al cambio radical de vida. Ni siquiera el hecho de ir a mejor, al menos desde el punto de vista económico, es un alivio para el muchacho, en los años más rebeldes de su vida. Ya no sabe ni cómo se llama en realidad.

La película, basada en un hecho real que conmovió a Brasil, no ofrece demasiadas sorpresas desde el punto de vista formal, pero destaca por su mirada comprensiva hacia casi todos sus personajes. Anna Muylaert —a quien algunos recordarán por «Una segunda madre» y «El año que mis padres se fueron de vacaciones»— es capaz de ahondar en su innovador punto de vista sin abandonar a la madre biológica, vista también con el mayor cariño. La directora intenta abarcar otras tramas y se le escapan detalles, pero la cinta, premiada en la Seminci, se deja disfrutar.

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