Madre! (**): Bardem el escritor y sus demonios

Si algo tiene el director Darren Aronofsky es un estilo pulido, una vocación transgresora y un romance con la crítica ávida de digestiones difíciles

Fotograma de «madre!»
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Si algo tiene el director Darren Aronofsky es un estilo pulido, una vocación transgresora y un romance con la crítica ávida de digestiones difíciles. Hace películas como para presumir, y algunas son dignas del mejor escaparatista (intensas como «Cisne negro» o «El luchador», onanistas como «La fuente de la vida»…, en fin), y trae ahora a la cartelera «Madre!», a la que no le cabe ni un ingrediente más para situarse en el centro mismo.

Aronofsky esconde su mensaje y su anhelo dentro de una truculenta historia surrealista y sudorosa, la vida de un escritor y su mujer en un caserón en el campo, y le encomienda los despojos de los personajes que crea a los más grandes actores, desde Javier Bardem y Jennifer Lawrence, hasta Ed Harris o Michelle Pfeiffer, consiguiendo el milagro de que (salvo estropajosos momentos Lawrence) estén todos espantosos.

Detrás y agazapado entre el desmadre en que se convierte el relato (Álex de la Iglesia elevado al cubo), Aronofsky probablemente quiera hablar del hecho creativo, de las puertas por las que entra la musa o los desperfectos y tentaciones de «la gloria», ydecide explicarse con un ramaje de zarzas e intrigas con síntomas de cine de terror, de traumas psicológicos, de recursos y trampas como de damero maldito y de efectos visuales y dramáticos con más apariencia que peso real.

Javier Bardem es el escritor a la búsqueda de musa y gloria, y su mujer, Jennifer Lawrence, es el blanco de la cámara de Aronofsky, que le arranca del rostro todo el suspense y la incomprensión.

Hay momentos en que la ilógica de la trama produce ciertas ganas de reír, pero el punto de vista del director (el de su personaje femenino) se ocupa de crear intriga fuera de plano y sordidez en las situaciones para que ni rías ni padezcas. El espejo cóncavo de esa mirada, la exageración y la inverosimilitud, le quitan carne al drama y mucho hierro al suspense. Y el final es como para pensar, sí, pero otro día.

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