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La doncella (***): Sexo, mentiras y fintas de fábula

El director coreano Park Chan-wook se ha ganado con sus películas la fama de ser más retorcido que Polanski y más brutal que Tarantino

El director coreano Park Chan-wook se ha ganado con sus películas la fama de ser más retorcido que Polanski y más brutal que Tarantino, pero en esta película consigue, sin renunciar a ninguna de estas dos características, aparentar una sublime elegancia.

La historia es ensortijada y sucia, llena de perversión y de un liquidillo negruzco que podríamos definir como sentido del humor, y trata de la llegada a una gran mansión de una señorita de compañía para asistir a una gran dama recluida a los caprichos de su tío siniestro que podría hacer de doble de Fu-Manchú.

Aunque larga, es amena y laboriosa en descripciones, sentimientos y artimañas, sustanciadas en una doble narración de los hechos: el punto de vista de la joven criada y en su posterior contraplano que los reescribe con esa escritura de la que sólo es capaz el cine.

La trama es de alto contenido emocional, pero aún mucho más alto y explícito en lo sexual, con una chispeante entrega por parte de sus dos protagonistas femeninas, Kim Min-hee y Kim Tae-ri, que nada les dirá sus nombres pero todo les sugerirá su desbocada interpretación. La traición y la amoralidad como bellas artes, con embeleso estético y una idea perversa sobre los libros y la lectura, y una mirada irónica y romántica sobre la seducción.

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