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«Jack Reacher: nunca vuelvas atrás» (**): Qué divertido es ser Tom Cruise

Lo mejor de esta peripecia de Reacher son las ganas que tiene el guión de ver a su «hijo» como esas madres de antes: casado y con descendencia

A pesar de lo que aconseja el título, vuelve a la pantalla el personaje creado por el novelista Lee Child, el exmilitar sin techo que ha encontrado en el convincente (pero no Minnelli) Tom Cruise cuerda para rato.

Lo mejor de esta peripecia de Reacher son las ganas que tiene el guión de ver a su «hijo» como esas madres de antes: casado y con descendencia, circunstancia que enriquece esta entrega en dos frentes: la relación poco usual que mantiene con la comandante que le sustituyó en su unidad militar (papel que interpreta la atractiva y algo bruta Cobie Smulders) y la aparición como punto débil en su invulnerabilidad de la joven Danika Yarosh, que tal vez sea su propia hija.

Este punto de «normalidad» en la vida del asocial Reacher pone color y sentimiento a esta historia de conspiraciones, asesinatos, persecuciones y vida al límite en las que tan bien se desenvuelven tanto Reacher como Cruise.

El cronómetro es, naturalmente, el otro protagonista de la película, y todo ocurre a su hora, en su minuto, al segundo…, con un personaje que lucha tanto por conservar lo que no tiene ni quiere (prestigio, pareja, familia, orden…), como por alejarse de ello.

En el apartado «potencia», la película le ofrece también un enemigo a su altura, además del propio sistema putrefacto, y es alguien tan descontrolado como él, otro asesino (Patrick Heusinger) con parecidos máster y credenciales en el asunto. No hay nada que convierta en excepcional ni esta entrega ni a este personaje que no hayamos visto antes, pero no será fácil salir decepcionado de ella.

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