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Crítica de El instante más oscuro: Gary Oldman coloniza a Churchill

Oldman ha desaparecido en el interior de su personaje, Winston Churchill, al que también le hace desaparecer, en cierto modo, todos sus clichés, salvo el puro y un poco su proverbial estilete

Gary oldman interpreta a Winston Churchill en El instante más oscuro
Gary oldman interpreta a Winston Churchill en El instante más oscuro
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Gary Oldman es uno de los actores mejor dotados del mundo para hacer de villano, pues hay algo en su cara, en su expresión, en su fondo de ojos fríos y chiquitos que te aconsejan cruzarte de acera, o mejor, irte de la ciudad. En esta película, conquistada de norte a sur y de este a oeste por la interpretación de Gary Oldman, no busquen ni esa expresión ni ese fondo de ojos, no busquen tampoco su cara, porque no está: ha desaparecido en el interior de su personaje, Winston Churchill, al que también le hace desaparecer, en cierto modo, todos sus clichés, salvo el puro y un poco su proverbial estilete. Muestra de él los temblores de su mano firme, la inseguridad de quien está convencido.

Hace unos meses era Brian Cox quien encarnaba a Churchill en la película de Jonathan Teplitzky, y ahora es el director Joe Wright, tan buen exprimidor del «zumo britis» en títulos como «Orgullo y prejuicio» o «Expiación», el que se enfrenta a la personalidad del político y propone de él un retrato distinto pero también oficial: las dudas y la firmeza del hombre que se negó a firmar la paz-rendición que le ofrecía Hitler. La película lo retrata en su vida familiar, junto a su esposa Clementine (Kristin Scott Thomas), pero casi desde el punto de vista de su secretaria Elizabet Layton (Lily James) y con su gran habano apuntando a los hechos históricos que le tocaría resolver: buenas y jugosas escenas en el Parlamento británico, su relación tensa con Chamberlain y el Rey Jorge VI, algunas de esas frases rotundas y dramáticas, incluso una secuencia algo subida de tono melodramático y ardor patriótico en el Metro londinense. Pero, ya lo decía el hombre que mató a Liberty Valance, «cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que publicar la leyenda».

Tanto el trabajo de Oldman como el del director Wright es espléndido en cuanto a la puesta en escena, del personaje y de la historia, la cual, por cierto, sirve de contraplano de la película «Dunkerque», de Christopher Nolan: una en lo bélico y otra en los manejos de la política tratan de ese capítulo esencial de la Segunda Guerra Mundial. Por lo demás, ahora, ver a políticos que no están completamente majaretas es tranquilizador.