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«Después de la tormenta» (****): Otro cuento de Tokio

Lo que hace Kore-Eda en este filme es, como en sus anteriores películas, desenlatar el alma del individuo y emplatarla dentro de su ambiente familiar

Lo que hace Kore-Eda en «Después de la tormenta» es, como en sus anteriores películas, desenlatar el alma del individuo y emplatarla dentro de su ambiente familiar, siempre convulso aunque el tono y la cámara lo maquillen.

Una historia blanca, pero sombreada de desaliento y fracaso: una anciana viuda, que con sentido áspero del humor mancilla con suavidad terrible la memoria del marido muerto, y bien muerto; su hijo, experto en frustraciones, como escritor, como marido, como padre, como buscador entre los secretos de la madre de un tesoro que no existe; su ex mujer, que ya espera poco o nada de él salvo esas visitas una vez al mes al niño que comparten…

La simulada docilidad a las reglas del cine tradicional japonés, con un suave naturalismo en poses y diálogos, no ocultan su voluntad de vanguardia, en especial en lo que atañe al comportamiento humano.

En esta película hay dos silenciosos tifones, uno interior en cada detalle emocional de sus personajes, y otro exterior que los reúne artificiosamente, con argucias no de guión sino de personajes, para que resuelvan (o no) su otra tormenta interior.

Y resulta excepcional por su equilibrio entre un sentido de la imperceptible pero rotunda dureza de lo que cuenta, y la precisión y sensibilidad narrativa para sugerir sentimientos y estados de ánimo sin pegar brochazos en la pantalla, y tal vez el ejemplo de su extrema delicadeza esté en no apurar la relación agostada de la expareja, sino abrirle ventanucos mediante matices y detalles para verla sin las groserías de lenguaje que a veces utiliza el cine para decir lo que sus personajes sienten.

¿Y el final?..., pues el final es antológico y antagónico por lo que se parece y diferencia al de John Wayne en «Centauros del desierto» o Clint Eastwood en «El jinete pálido». Aunque aquí, la épica es lo que no ha ocurrido ni va a ocurrir.

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