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Crítica de El Cuaderno de Sara: Aventura dentro de la coctelera africana

Los productores, el director y sus actores se merecen, sin duda, un aplauso por empaquetar con profesionalidad e interés una historia filmada en zonas de África

Belén Rueda protagoniza «El Cuaderno de Sara»
Belén Rueda protagoniza «El Cuaderno de Sara» - ABC
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De entrada, esta es una película a la que hay que dedicar una batería de elogios, pues se hace muy evidente los innumerables problemas que su producción y su rodaje le han tenido que ocasionar al equipo técnico y artístico. Los productores, el director y sus actores se merecen, sin duda, un aplauso por empaquetar con profesionalidad e interés una historia filmada en zonas de África, urbanas y selváticas, abiertas como un coco, en las que el guion es un accesorio al que no es fácil verle la utilidad: lo visible, lo real, lo cotidiano, es insuperable. No obstante, hay un guion (y hecho por un reputado guionista, Jorge Guerricaechevarría), una previsión de relato que nos sitúa en una historia de aventuras selváticas, de intrigas familiares y de relaciones extremas: una mujer busca a su hermana desaparecida en la selva y entre las diversas guerrillas que se disputan territorio y la explotación de ese mineral llamado coltán, muy apreciado en microelectrónica… Belén Rueda es una especie de capitán Willard, un extraño que se adentra en ese mundo de locura (el «Corazón de las tinieblas» de Conrad o el «Apocalypse…» de Coppola) tras las huellas del coronel Kurtz, aquí el médico que interpreta Marián Álvarez con menos ínfula y magia que Brando, y ese viaje es la esencia de la película, lo que encuentra, lo que ve, lo que soporta, las mil tragedias que estaban allí antes de que llegara ella y que continuarán después, y acierta Norberto López Amado, el director, al no entretener el viaje (la aventura, la intriga) para reportajear y editorializar sobre ello. Deja que sea su protagonista, una magnífica Belén Rueda, quien asuma los desgastes de la tragedia, que notemos en su progresivo deterioro todo el horror, sin necesidad de subrayados. Y si la película no entrara en algún explicado familiar y evitara alguna persecución y escena de «tiros» y flautas, aún ganaría en verosimilitud.