Actualidad

Animales nocturnos (***): Débiles sinuosos con plumas venenosas

En la mezcolanza del mundo real y el de ficción, Tom Ford elabora un filme compacto y brillante

Un libro que es una trampa, un recuerdo que es venenoso, un débil que enmascara a un lobo y tiene sangre en la mirada. «Animales nocturnos» está llena de trampas, no para el espectador, sino para la protagonista: una mujer que recibe un libro escrito por su exmarido para que le dé su opinión.

A partir de ahí Tom Ford, diseñador de éxito metido a director en los últimos tiempos («Un hombre soltero»), plantea dos escenarios totalmente contrapuestos en uno solo: el relato, salvaje, violento y muy cruento, del relato ficcionado; y el real, donde Amy Adams recrea su vida actual en plena lectura, una vida muy del estilo de Ford: sofisticado, elegante, falsamente millonario y falsamente feliz.

En esa mezcolanza de los dos mundos, el real y el de ficción, Ford elabora un filme compacto y brillante, de blancos y negros muy acusados, desierto y polvo, joyas y glamur, pero en el que con mucha sutileza y elegancia va desarrollando la trama hacia un lado muy dramático, hacia una venganza soterrada, intelectual, mientras que página tras página el personaje de Gyllenhall (brillantísimo de nuevo) va cubriendo con un manto de culpa, casi invisible, al objeto de su desamor.

Es una película llena de inteligencia, habilidosa en algunos tramos, inquietante en casi todos y con un cierto tono ocre respresentado en ese descarnado personaje que interpreta Michael Shannon. Sin embargo, lo que impera es un final mayúsculo, lleno de desesperanza y desasosiego. En suma, un filme que según se va deglutiendo deja un regusto de grandeza, calidad y talento desarrollado con una pluma y un mazo a la vez.

[Compra tu entrada para ver la película aquí]

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios